miércoles, julio 28, 2010

CAMINANDO VOY





Caminando voy, por la noche, por las calles poco iluminadas del lugar en dondo vivo.
Cómo duele caminar solo pero ayuda, ayuda mucho para saber qué es estar solo en verdad y qué es hablar consigo mismo y conocerse consigo mismo, y qué es llorar de verdad, solo, sin ningún hombro donde apoyarse, sin nada, pararse en una esquina y llorar, llorar hasta más no poder y después limpiarse los ojos, la cara y seguir caminando y no mirar atrás.


Caminando voy, con los grillos que armonizan cada paso mío, cada huella, cada lágrima derramada, cada por qué, cada "te amo mas soy un imbécil al no estar a tu lado". Y es cuando sales de noche, solo, cada cosa, cada mínima cosa que observas tiene vida, sientes que te dicen "hola, ¿necesitas ayuda?". Y es que hoy, que iba por ahí, los árboles me decían cada cosa y las piedras me hacían cada gesto que los contemplaba con un inexplicable sentimiento.


QuerCa encender el primer cigarrillo, quería fumar para no sentirme tan solo. Nunca hice real ese pensamiento, no sé por qué, nunca metí la mano al bolsillo para sacar el maldito cigarro, aquel cigarro que, de repente, secaría por fin mis lágrimas o las multuplicaría. Nunca metí la mano al bolsillo de mi pantalón pero sí al bolsillo de mi polera porque el frío, sumado con el llanto, poco a poco me consumía, sentía como bolitas de hielo caer desde mis ojos y al llegar al suelo, escuchar cómo se rompían y pensar cómo estoy con 'esa personita', recordarla, recordar que la cago al decir que iré y nunca llego, recordar que la amo y que ella también pero los juegos y los vicios y las amistades hacen que me quede y no esté con ella. Y cuando estoy solo, caminando sin sentido, recuerdo todo eso y es por eso que lloro, porque hablo conmigo mismo, porque me hago preguntas de respuestas obvias, respuestas que yo sé y un chibolo ilusionado de once también, porque cuando hablo conmigo mismo hablo en verdad y hablo con la purita verdad y es que ahí nadie me escucha, nadie se logra enterar de mis viles secretos, ahí, solo, hablo todo y sin censura porque sé que nadie me llegaría juzgar, sólo Dios, pero hasta que tenga una cita provada con él... sigo hablando.


Caminando voy, por la acera que siente mis pasos día y noche, por aquellas calles que me han visto crecer, que me ven completamente estúpido y enamorado.
Caminando voy, por la noche, por donde la luna espía los secretos de los más errantes y los utiliza de cuentos para las estrellas que enriquecen mis pasos hechos huellas y mis lágrimas hechas charcos y mis tristezas, palabras a la soledad.



Y siendo las dos de la madrugada con veinte minutos,
logro recién recostarme en la cama.