No me vengas con huevadas que tu hijito está en el extranjero, trabajando y
ganando la plata que quiere. Eso, no me mueve el piso para nada. Ni intentes
creerlo. Ni presumir. No pienses que tu hijito, que siempre lo agarré de pavo
en la primaria, sería (es, para tu mente estúpida) mejor que yo. Y yo tampoco
creo ser mejor que él. Por si creías que había perdido la humildad. Te lo
repito: No soy mejor que tu hijo. Grábame para que nunca lo olvides.
No saques pecho. No levantes la voz.
Estamos en la reunión por los setenta y cinco de mi abuelo. ¿Se te han
subido las tres chelas que has tomado? Control alt, gordito. La gente no tiene
porqué enterarse que tu hijo está trabajando en un crucero y yo, pateando latas
con estilo y efecto impresionante.
Me pasas la botella de cerveza para tomar contigo. Pero lo que quieres es
seguir refregándome en la cara el triunfo de tu estúpido hijo. Chupar es lo de
menos, quieres seguir rascándome con tu victoria familiar. Que tu hijo sea un
dulce señorito y trabaje en crucero y que gane lo que quiere y que está feliz y
que está muy bien y que está megaarchiultrasuper feliz. Que te
llama todas las noches para contarte que ha conocido a una francesa
hermosísima. Y que él le habla de Lima y ella de París. Que cuando no está trabajando,
él le invita un café y ella no le deja de sonreír. Que cree que le gusta, que
le encanta. Que está ilusionado con todo lo que le está pasando en Altamar.
¿Acaso no sabes que tu hijo es bon chi bon chi bom bom bom? ¿Que en
primaria se metía al baño a joderme cuando sacaba mi vaina? ¿No te ha contado
que no es francesa sino ruso, y bien alto?
Que sólo me dedique a sentarme frente al computador y escribir huevada y
media en Word, eso no te interesa. Que salga con mis mejores amigos. Que me
meta en conversaciones ajenas de temas literarios y políticos. Que hable de una
manera elegantona y soberbia y cojuda, no te interesa. Que patee una pelota
todos los santos días cuando el reloj marca las cuatro con treinta. Que te
hable de Bayly como Bayly y de Ortiz como Ortiz, no te interesa. Que no busque
trabajo. Que no haga nada por postular. Eso, gordito lindo, no te interesa.
¿No te interesa que seas homofóbico? ¿Que odies a rabiar al MHOL? Espérate
unos añitos más y ven a visitarme, please.
Mándale mis saludos a tu hijo cuando te llame más tarde. Dile que espero
que cuando él crezca, no sea como tú. ¿No entiendes? Claro, sígueme rompiendo
las bolas y después cuando te llame tu hijo pregúntate qué ganaste con toda
esta ponencia victoriosa.
Levanta la voz. Si quieres sacar tu título de cojudo máster. Dale, gordito
picarón, infla tu pecho y ajusta el culo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario en la entrada