13 abril, 2013

TU VICTORIA FAMILIAR

No me vengas con huevadas que tu hijito está en el extranjero, trabajando y ganando la plata que quiere. Eso, no me mueve el piso para nada. Ni intentes creerlo. Ni presumir. No pienses que tu hijito, que siempre lo agarré de pavo en la primaria, sería (es, para tu mente estúpida) mejor que yo. Y yo tampoco creo ser mejor que él. Por si creías que había perdido la humildad. Te lo repito: No soy mejor que tu hijo. Grábame para que nunca lo olvides.

No saques pecho. No levantes la voz.

Estamos en la reunión por los setenta y cinco de mi abuelo. ¿Se te han subido las tres chelas que has tomado? Control alt, gordito. La gente no tiene porqué enterarse que tu hijo está trabajando en un crucero y yo, pateando latas con estilo y efecto impresionante.

Me pasas la botella de cerveza para tomar contigo. Pero lo que quieres es seguir refregándome en la cara el triunfo de tu estúpido hijo. Chupar es lo de menos, quieres seguir rascándome con tu victoria familiar. Que tu hijo sea un dulce señorito y trabaje en crucero y que gane lo que quiere y que está feliz y que está muy bien y que está megaarchiultrasuper feliz. Que te llama todas las noches para contarte que ha conocido a una francesa hermosísima. Y que él le habla de Lima y ella de París. Que cuando no está trabajando, él le invita un café y ella no le deja de sonreír. Que cree que le gusta, que le encanta. Que está ilusionado con todo lo que le está pasando en Altamar.

¿Acaso no sabes que tu hijo es bon chi bon chi bom bom bom? ¿Que en primaria se metía al baño a joderme cuando sacaba mi vaina? ¿No te ha contado que no es francesa sino ruso, y bien alto?

Que sólo me dedique a sentarme frente al computador y escribir huevada y media en Word, eso no te interesa. Que salga con mis mejores amigos. Que me meta en conversaciones ajenas de temas literarios y políticos. Que hable de una manera elegantona y soberbia y cojuda, no te interesa. Que patee una pelota todos los santos días cuando el reloj marca las cuatro con treinta. Que te hable de Bayly como Bayly y de Ortiz como Ortiz, no te interesa. Que no busque trabajo. Que no haga nada por postular. Eso, gordito lindo, no te interesa.

¿No te interesa que seas homofóbico? ¿Que odies a rabiar al MHOL? Espérate unos añitos más y ven a visitarme, please.

Mándale mis saludos a tu hijo cuando te llame más tarde. Dile que espero que cuando él crezca, no sea como tú. ¿No entiendes? Claro, sígueme rompiendo las bolas y después cuando te llame tu hijo pregúntate qué ganaste con toda esta ponencia victoriosa.

Levanta la voz. Si quieres sacar tu título de cojudo máster. Dale, gordito picarón, infla tu pecho y ajusta el culo.