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lunes, julio 25, 2011

QUIERO ESCRIBIR


Quiero escribir sobre los amores que tengo en mi corta vida, que son muchos, que me traen cabrón. Es una lista larga, entre hombres y mujeres. Amores, así como enemigos, tengo pocos. Amores, a primera vista, son también como los que ahora tengo.

Quiero escribir sobre la mierda de clima que estoy viviendo en Lima, una mierda total, el clima y Lima. El ciclo climático es caótico, loco. Un día, en la mañana, hay sol, el cielo amarillo, radiante, me despierta y yo, feliz, digo: “bueno días mami, ¿cómo estás?”; pero más tarde, como a las seis (hasta antes), un frío de mierda me congela los dedos y los pasos que doy, no me da ganas de nada y me confundo entre polerones de tres quilos y humos negros de cigarros Pall Mall.

Quiero escribir sobre la inseguridad que uno vive a las once de la noche en el Puente Alipio: Ayer, mi amigo fue a buscarme, como siempre, para hablar y chismear en pleno frío cagón. Como a las once me dijo que ya tenía que irse y que lo acompañara al paradero, “vamos al puente pues”, me dijo, con una sonrisa cabrona. No podía decirle que no, subí a mi casa para sacar una chalina, un par de guantes y un chullo de alpaca para combatir el frío. Cuando llegamos al puente habían dos personas que se fueron al vernos llegar, me sentí malo, muy malo. De repente llegaron dos chicos que sí eran malos de oficio, y mi amigo y yo sentimos que no teníamos escapatoria alguna. Nos estaban haciendo un corralito, quería gritar pero nadie me escucharía, no había nadie, sólo los demás compinches de los muchachos malos. No pasaba el carro de mi pata y tampoco quería que pasara, no me quería regresar solo, sabía que perdería. Hasta que pasó un taxi, lo paré y le dije al viejo chofer: “sáquenos de aquí y le doy mi poto”, estaba asustado, el corazón lo tenía a mil. Salimos del puente y cuando llegamos a mi casa, al abrir la puerta del taxi, el viejo me dice, cogiéndome del brazo: “adónde vas, lindo, paga lo que debes, lo que me prometiste”, “¡viejo cabro!”, le grité y dos monedas de dos soles cayeron en su asiento y se largó. Los muchachos malos no me metieron tanto terror como aquel conductor maricón hijo de puta, que menos mal, se fue sin el sabor de mi poto caucásico.

Quiero escribir algo sobre la salsa, ese género que nunca pasará de moda, ese género que aunque no es mi favorito, me hace recordar momentos gratos en tercero de media. Escucho salsa casi siempre, si no es todos los días. La salsa romántica me hace llorar, así como me hiciste llorar tú en tercero, ¿recuerdas? Escucho esos sones caribeños y me pongo a bailar como loco pensando que soy el mejor bailarín de salsa en todo el mundo, pensando que soy ese chibolito Dayiro (un peruanito de cinco añitos que se mueve como uno de cuarenta que estudió en la mejor academia de salsa del mundo), quiero igualarlo, quiero ser como él. ¿Han visto cómo se alocan las mujeres cuando un salsero mueve la cintura sensualmente? Yo siempre trato de mover la cirunta igual pero los dolores llegan y sólo me queda seguir escuchando salsa, quebrando mi sueño, cuando escribo algo cursi.

Quiero escribir sobre las peleas que tengo con mi familia, pero, mejor no, mejor me las reservo porque no quiero que me boten de la casa; yo quiero largarme con la frente en alto, no con la espalda toda roja por culpa de los cuchumil correazos que me caerían.

Quiero escribir sobre las mujeres que hoy en día me traen loco, pero, por segunda vez y pensándolo bien, mejor no, no quiero quedar mal con una y ganarme con otra, las quiero a todas, si las necesito recurro a cualquiera y como son varias, pues mejor ¿no? No peco de pendejo, soy sincero. No peco de jugador, sólo soy humilde y honesto. Existe L, M, A, T, B, existen muchas. Las quiero a todas y todas me traen loco y todas me confunden. Espero que esto siga así para tener algo de qué escribir. Espero quererlas siempre, siempre. Amén.

viernes, junio 04, 2010

SER ESCRITOR

                                                                   

Cuando escribes puede ser por varias razones: amor, tristeza (mayormente esos dos factores) o por un sentimiento cualquiera, porque quieres dar a conocer algo a alguien o quieres escribir sobre ti y escribir por escribir, porque quieres hacerlo, porque te apetece o porque simple y llanamente quieres gastar la tinta de tu pluma y el papel que has comprado y escribir.


Siempre ocurre eso, que un cierto día, el menos pensado, dices “quiero escribir” y te la das de un gran sabio de la literatura y fumas mientras piensas (mientras te inspiras dirás tú) sobre qué vas a tratar y vas probando ese pisco que te compraste porque dijiste que “los escritores cuando escriben beben y fuman y así quiero ser yo”.


Ya vas como una hora así: te sirves un poco de pisco, bebes mientras vas pensando y sigues bebiendo y sigues pensando, fumas mientras vas pensando y sigues fumando y bebiendo y pensando y sigues sin escribir una sola palabra pero eres un escritor porque bebes pisco mientras piensas y fumas un cigarrillo también; por eso eres un buen escritor, fumas y bebes y te inspiras y haces las tres cosas a la vez y no escribes ni una puta palabra pero no importa nada de eso porque tú eres un gran escritor.


Ahora sí, tienes algo en la cabeza y hasta se mueve sola tu mano (no malinterpretar por favor), el cuaderno y el lapicero te está esperando desde hace tres horas porque has estado pensando (no, perdóneme usted señor escritor, se ha estado inspirando, claro, inspirando) y entonces ordenas bien lo que quieres escribir y lo plasmas, poco a poco y despacio al papel (aún sigues con el cigarrillo en la mano y el pequeño vaso de pisco, con una segunda botellas más, en la mesa llena de nada) y escribes lo que te dice tus adentros y escribes lo que sientes y lo que acabas de ver y sigues escribiendo algo más que recordaste y sigues escribiendo que no te gusta lo que escribes pero así mismo escribes y sigues escribiendo que eres un gran escritor y que no te gusta lo que escribes pero así mismo sigues escribiendo y sigues escribiendo y al ver tu hoja con todo lo que has escrito dices “esto no me gusta, no quiero ser escritor” y cierras el cuaderno malhumorado y maldiciendo, sales por la ventana y ves a tus amigos yéndose al parque, te olvidas te todo y vas con ellos. Al día siguiente quieres ser nuevamente escritor, un gran escritor, sirves el pisco de siempre y prendes el cigarrillo y bebes y fumas mientras te inspiras y cuando vas a escribir no te gusta lo que has escrito, rompes la hoja, maldices y te vas. Al día siguiente igual y al siguiente igual y cuando te preguntan que “¿qué te gusta hacer o te gustaría ser?” tu respuesta sin pensar mucho es “yo escribo, poemas y novelas y cuentos y son muy bonitos y es que soy un escritor, sí, un muy buen escritor."