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lunes, octubre 17, 2011

EL CIGARRILLO Y YO


Gráfico por Ronny Barrientos.
Crónica por Fabrizzio Velaochaga.

Prendo un cigarrillo sin antes haber comido. A veces pienso que mi desayuno es un Pall Mall azul a las nueve de la mañana, por Larco, después de estudiar. Panes, leche con coca, eso es un gusto para mí. No tomo desayuno, y eso que me dicen que es el primero alimento del día, el más importante. No lo sé, y si lo sé, pues no quiero hacer caso.

Prendo un cigarrillo en casa de Mario. Se molesta. Me bota a la calle. Me dice que fume afuera. No recordaba que él odia el humo del cigarro, que le hace mal, desde hace muchos años. Sufre de asma. Empieza a toser. Me grita. Le grito. Le digo que no joda. Sonrío, le muestro una sonrisa pendenciera, de puto, esas sonrisas pendejas que regalas a quien esté de testigo ahí, antes de cometer alguna bajeza. Tose más fuerte, más seguido. Me siento mal, apenado, la culpa es mía, pienso, bajo la mirada. Me siento mal, muy mal, pero con el Hamilton doradito entre los dedos.

Son las ocho de la mañana. Me despierto con náuseas. Siempre me despierto con náuseas, con una pelota en la garganta, y alguien dentro de mí, empachado horriblemente, a diario. No hay nadie. La noche anterior mi mamá me dijo, entre sueños, que saldría desde temprano con mis hermanos a una feria de manualidades fuera de Lima, no recuerdo que le respondí, seguro que fue un ya pero pensando qué bien que me dejen solo nuevamente; sinceramente que no lo sé, no recuerdo haberle dicho algo o no haberle mencionado palabra alguna. Prendo un Lucky, ese pitillo blanco de bolita roja que suavemente se consume, lento, como pidiendo permiso. Encontré uno en mi pantalón con el que me quedé dormido, no sé cómo llegó pero ahí estaba, estábamos los dos, él en mi boca y yo, en la cama, evitándome quedar dormido con el pucho en los labios.

En la mañana, después de estudiar, al despertarme, cuando te espero, cuando te dejo, cuando escribo, cuando te escribo, cuando leo, cuando te miro, en la noche, en el baño con una sonrisa pendejísima, en la cama leyendo Sólo para fumadores de Ribeyro, a las once de la noche, antes de dormir, cuando el insomnio me cagó de nuevo, cuando digo que quiero amarte, amarte y escribir, dormir, vivir, cuando pienso que ya no quiero abrir los ojos nunca más, cuando voy a la tienda a llenar la cajetilla de Hamilton green que vacía me tira ojitos, cuando escribo la crónica de siempre, como esta, a las dos, después del almuerzo, antes de zamparme tres o cuatro chelas jugando fulbito, y claro, con el cigarrillo típico en la boca, retando al bobo, pero feliz.

viernes, julio 08, 2011

TE QUIERO


A, Thalia Tenorio, 
la mujer con quien camino mis días.

Un te quiero recorre todo mi cuerpo, no puede salir, quiere pero no puede, no hay ninguna dificultad física, simplemente no puede. Un te quiero se hace el loco dentro mío y no quiere salir, no, no quiere, se hace el que no sabe, no conoce, no siente, y después en la noche fría, como la de hoy, me caga la cabeza y me hace pensar en ella, en esa chica que si mi te quiero escuchara, me haría feliz o me vapulearía con su indiferencia llamando nuevamente a la tristeza (y por ende, a la soledad), compañeras que ya había pensado decirles: “chicas, perdón, pero quiero ser feliz” y ya no contar más con su compañía.

Esto es para ti, perdón si te enamoro: Me gusta tu caminar. Me gustan tus ojos. Me gusta tu mirar.  Es que tu carita llena de ilusiones y sueños me tiene loco, me ha vuelto loco, me enloquece la vida cuando en las mañanas te encuentro, por ahí, pensando, sola.

¿Leerás esta cursi crónica? De repente sí, de repente no, de repente alguien te cuenta que he escrito algo estúpido, una indirecta recontra directa y que es para ti, quizás, ojalá sea así, aunque no creo, no soy tan leído, mi amada.

Y vamos de nuevo con ese te quiero loco, inquieto, con ganas de conquistar, con la ilusión de ser aceptado y escuchado, como un susurro, en el oído tuyo. Y vamos de nuevo con ese te quiero que quiere que sólo lo escuches, nada más, si surge algo, bueno sea, pero él es sincero, ese te quiero habla con la verdad, ese te quiero es la verdad, mi verdad.

Y ahora me echo a la cama a pensar, escuchando Camila, y viendo el humo del cigarro que fumaba, volar y sostenerse por los aires como diciéndome, vamos, haz algo, dile todo, grita ese te quiero, maricón, y yo siento eso, pero no puedo, siento que no debería hacerlo.

Cuando mañana te vea, como todos los días, no te diré nada, sólo te contemplaré, así te diré cuánto me gustas, te contemplaré muchas horas, como hoy, en la mañana, y no te darás cuenta, como hoy, ¿me viste? no te creo, espero te des cuenta, algún día, hermosa. Quizás, quién sabe (solo el falco de arribita), ese te quiero se escuche mañana, es que no puedo más, no sé, estoy loco, por ti, claro está. Quizás, mi amor, ese te quiero, si lo escuchas, hará que tus ojos se dirijan donde estoy yo, pero yo, hablando en serio y enamorado, quiero estar dentro de tu corazón. Nada más. Eso te quería decir y, claro, ese te quiero, siempre.

sábado, noviembre 13, 2010

HABLANDO CON LA LUNA





Llego a casa. He estado caminando por ahí, por las calles vacías, solitarias, que la noche deja. No ha sido una buena noche para el amor. Lamentables mis pasos que sin un cigarrillo de compañía no encontraban la dirección correcta, el rumbo adecuado por dónde ir. Por un momento me sentí un vagabundo. Nunca me había sentido así. Nunca me había sentido tan... tan... tan hecho mierda; y mucho menos por amor. Creo que las estoy pagando, que el de arriba -el que todo lo ve y sabe- me está castigando por todas las perradas que hice. Aunque creo que no ha pasado nada, o sea, que con ella todo está bien, algo me dice que... En realidad mi corazón no se siente muy bien que digamos. No sé que carajos me pasa. Debo decir que todo está bien pero hay algo que no encaja y creo no ser yo y creo también que no es ella y entonces ¿qué carajos me ocurre? No sé porque estoy así. Soy yo, seguro, el que piensa cosas que no son. O es ella, talvez, la que suelta palabras que salen de su corazón y que yo tomo por mentiras. O soy yo... O es ella... O... No sé ni por qué me pongo así, todo mal, maldiciendo al amor y todo eso. Entonces si nada pasa y todo está normal, Dios, ¿por qué me siento tan mal? ¿por qué se me caen algunas lágrimas al recordarla? Hice mis perradas pero creo no mentí a nadie. No creo ser un canalla pero sí un completo sentimental, como ahora. Y hoy lloro por ti, ¿sabes? Y no sé ni por qué lo hago, no sé ni por qué estoy así. Es que ella tiene algo que no sé, me vuelve otro, totalmente otra persona. Quisiera saciar esta necesidad que tengo por sus labios, su rostro que tanto me enloquece y todo de ella con un simple beso; no puedo, esto es algo más fuerte, algo que creo nunca había sentido o no tan fuerte lo había sentido o creo me estoy apresurando un poco. Acercarme a ella es sentirme el hombre más feliz del mundo. Acariciarla, jugar con ella, con sólo contemplarla, juro que amo el momento. Mirarla fijamente a los ojos y decirle, de corazón, que la quiero, que la quiero de verdad, es algo indescriptible, algo en donde las palabras está por gusto y las miradas dicen muchas más cosas. No sé que pueda pasar más adelante. Mi amor por ella siempre estará, así como siempre ha estado. No se la dejaré tan fácil también, sé que piensa en mí y que me quiere. Sé que mañana nos daremos otro beso, nos diremos "te quiero" y pelearemos por cosas insignificantes, seguramente me quedaré callado en algún momento y ella hablará como si nada le importase mientras yo me cago de celos y no se lo hago notar o eso creo pensar. Quizá nos amemos mucho. Quizá de nuevo me siente a escribir por cosas que ni sé. Quizá, mañana, ella ya no esté a mi lado. Pero nadie sabe el mañana ¿no?. Quizá, hoy, he preferido decir que la quiero y que quiero mil besos de ella pero mejor así, a la distancia, y llorar dos o tres noches y buscar otros caminos. Quizá, jamás vuelva a llorar. O, quizá también, quién sabe, jamás vuelva a reír.

viernes, noviembre 12, 2010

CHUPA Y LLORA, CUÑADITO



Después de llorar un poco, pienso que lo mejor que me ha podido pasar es que mi gran sueño, mi más grande anhelo, es ser un escritor. Eso es lo que trato de ser.


Yo no tomo ron; tomo pisco. Yo no fumo hamilton; fumo lucky, no raspa pues. Yo no tomo ni fumo mayormente, sólo lo hago en momentos especiales, cuando me siento a escribir y con la luna contemplándome, momentos especiales decía.


Cuando el pisco ya me ha calentado un poco, trato de entender el por qué. Necesito que el alcohol me llegue a la cabeza. Que llegue por favor, eso quiero. Todavía no entiendo qué pasó. Por la putamadre, este pisco sí que está riquísimo, delicioso, calentón, como debe de ser. Que llegue por favor. Y es que me cagaste la vida ¿sabes? Dos más camarero, ¿camarero?, acá yo mismo soy no más, me sirvo otra copita y vamos poquito a poquito, ¿me entiendes?


Nunca pensé que me pasaría esto, tú, hablándome así, tranquilito yo iba, paso a paso, gateando antes de correr, subiendo cada escalón; de pronto choqué con una pared y ¡qué rico pisco carajo! ¡de dónde es que saliste! Mejor sigo escribiendo antes que la memoria y mis ojos, pronto llorosos, me traicionen: esa pared pues, me choqué duro, durísimo huevón, no vi de dónde salió, bastante me dolió y que ¿los hombres nunca lloran? lloré pues y qué… Que llegue por favor, ya falta poquito, poquitito, sí, me chupo esas sobritas y ya no ya, te digo no más, ese piscacho es la voz.


Gracias te doy, mi fiel y alcohólico compañero, nos tocó una mala noche pues, qué se hace. Ahora sí me chupo todo lo que venga porque este piscacho me quedó corto, te digo. Por la putamadre, quiero olvidarme de todo. No más lágrimas, mariconadas son carajo. Chupa pues y llora pues. Qué puedo hacer, dime tú, sí, tú, me cagaste pues, me cagaste y me cagaste bien rico mi amor. Chupa pues y llora pues.

miércoles, julio 28, 2010

CAMINANDO VOY





Caminando voy, por la noche, por las calles poco iluminadas del lugar en dondo vivo.
Cómo duele caminar solo pero ayuda, ayuda mucho para saber qué es estar solo en verdad y qué es hablar consigo mismo y conocerse consigo mismo, y qué es llorar de verdad, solo, sin ningún hombro donde apoyarse, sin nada, pararse en una esquina y llorar, llorar hasta más no poder y después limpiarse los ojos, la cara y seguir caminando y no mirar atrás.


Caminando voy, con los grillos que armonizan cada paso mío, cada huella, cada lágrima derramada, cada por qué, cada "te amo mas soy un imbécil al no estar a tu lado". Y es cuando sales de noche, solo, cada cosa, cada mínima cosa que observas tiene vida, sientes que te dicen "hola, ¿necesitas ayuda?". Y es que hoy, que iba por ahí, los árboles me decían cada cosa y las piedras me hacían cada gesto que los contemplaba con un inexplicable sentimiento.


QuerCa encender el primer cigarrillo, quería fumar para no sentirme tan solo. Nunca hice real ese pensamiento, no sé por qué, nunca metí la mano al bolsillo para sacar el maldito cigarro, aquel cigarro que, de repente, secaría por fin mis lágrimas o las multuplicaría. Nunca metí la mano al bolsillo de mi pantalón pero sí al bolsillo de mi polera porque el frío, sumado con el llanto, poco a poco me consumía, sentía como bolitas de hielo caer desde mis ojos y al llegar al suelo, escuchar cómo se rompían y pensar cómo estoy con 'esa personita', recordarla, recordar que la cago al decir que iré y nunca llego, recordar que la amo y que ella también pero los juegos y los vicios y las amistades hacen que me quede y no esté con ella. Y cuando estoy solo, caminando sin sentido, recuerdo todo eso y es por eso que lloro, porque hablo conmigo mismo, porque me hago preguntas de respuestas obvias, respuestas que yo sé y un chibolo ilusionado de once también, porque cuando hablo conmigo mismo hablo en verdad y hablo con la purita verdad y es que ahí nadie me escucha, nadie se logra enterar de mis viles secretos, ahí, solo, hablo todo y sin censura porque sé que nadie me llegaría juzgar, sólo Dios, pero hasta que tenga una cita provada con él... sigo hablando.


Caminando voy, por la acera que siente mis pasos día y noche, por aquellas calles que me han visto crecer, que me ven completamente estúpido y enamorado.
Caminando voy, por la noche, por donde la luna espía los secretos de los más errantes y los utiliza de cuentos para las estrellas que enriquecen mis pasos hechos huellas y mis lágrimas hechas charcos y mis tristezas, palabras a la soledad.



Y siendo las dos de la madrugada con veinte minutos,
logro recién recostarme en la cama.


viernes, junio 04, 2010

SER ESCRITOR

                                                                   

Cuando escribes puede ser por varias razones: amor, tristeza (mayormente esos dos factores) o por un sentimiento cualquiera, porque quieres dar a conocer algo a alguien o quieres escribir sobre ti y escribir por escribir, porque quieres hacerlo, porque te apetece o porque simple y llanamente quieres gastar la tinta de tu pluma y el papel que has comprado y escribir.


Siempre ocurre eso, que un cierto día, el menos pensado, dices “quiero escribir” y te la das de un gran sabio de la literatura y fumas mientras piensas (mientras te inspiras dirás tú) sobre qué vas a tratar y vas probando ese pisco que te compraste porque dijiste que “los escritores cuando escriben beben y fuman y así quiero ser yo”.


Ya vas como una hora así: te sirves un poco de pisco, bebes mientras vas pensando y sigues bebiendo y sigues pensando, fumas mientras vas pensando y sigues fumando y bebiendo y pensando y sigues sin escribir una sola palabra pero eres un escritor porque bebes pisco mientras piensas y fumas un cigarrillo también; por eso eres un buen escritor, fumas y bebes y te inspiras y haces las tres cosas a la vez y no escribes ni una puta palabra pero no importa nada de eso porque tú eres un gran escritor.


Ahora sí, tienes algo en la cabeza y hasta se mueve sola tu mano (no malinterpretar por favor), el cuaderno y el lapicero te está esperando desde hace tres horas porque has estado pensando (no, perdóneme usted señor escritor, se ha estado inspirando, claro, inspirando) y entonces ordenas bien lo que quieres escribir y lo plasmas, poco a poco y despacio al papel (aún sigues con el cigarrillo en la mano y el pequeño vaso de pisco, con una segunda botellas más, en la mesa llena de nada) y escribes lo que te dice tus adentros y escribes lo que sientes y lo que acabas de ver y sigues escribiendo algo más que recordaste y sigues escribiendo que no te gusta lo que escribes pero así mismo escribes y sigues escribiendo que eres un gran escritor y que no te gusta lo que escribes pero así mismo sigues escribiendo y sigues escribiendo y al ver tu hoja con todo lo que has escrito dices “esto no me gusta, no quiero ser escritor” y cierras el cuaderno malhumorado y maldiciendo, sales por la ventana y ves a tus amigos yéndose al parque, te olvidas te todo y vas con ellos. Al día siguiente quieres ser nuevamente escritor, un gran escritor, sirves el pisco de siempre y prendes el cigarrillo y bebes y fumas mientras te inspiras y cuando vas a escribir no te gusta lo que has escrito, rompes la hoja, maldices y te vas. Al día siguiente igual y al siguiente igual y cuando te preguntan que “¿qué te gusta hacer o te gustaría ser?” tu respuesta sin pensar mucho es “yo escribo, poemas y novelas y cuentos y son muy bonitos y es que soy un escritor, sí, un muy buen escritor."