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lunes, junio 04, 2012

MIENTRAS TE PERDÍA



Mientras la tarde caía y el cielo se ponía anaranjado, recordaba cuando te decía te amo mil veces en mi habitación, sin tocarte, sin aproximarme a tu cuerpo delicado que yo tenía por cristal lujoso. Recuerdo cuando te amé en mi cama sin tocarte, mil veces lo recuerdo, y mil veces lloro.

Mientras el frío de la tarde me jodía sin pedir permiso, tus ojos me apaciguaban, los sentía como compañía. Los miraba como cuando te tuve en mi cama y te besé con las manos atadas detrás mío, porque no quería hacerte daño, porque quería amarte y no tenerte. Me mirabas como cuando me dijiste por primera vez te amo, sentados en una esquina de cierta avenida solitaria, como a las tres o cuatro de la madrugada, con cinco o siete vasos de ron encima.

Mientras miraba el mar recordando la mañana que vimos juntos por primera vez el mar, sentados en el malecón, prometiéndonos amarnos para toda la vida, me mirabas, y yo también te miraba, porque te amo, porque nunca te olvidé, porque yo te perdí pero tú no me perdiste, y las cosas duelen pero así son, y soy un perfecto cojudo.

Mientras te miraba, tú nunca me miraste. Mientras me mirabas, yo siempre supe que me estabas viendo. Mientras jugabas a mirarme y volteaba y encontraba el sentido de tus ojos, jugábamos los dos, sin sonrisas, lo más serios posibles, opacos, y no pasaba nada, y mi corazón se arrugaba de poco en poco, hasta hacerse añicos y pedir auxilio a la razón que en nada podía intervenir, porque no es su juego.
 
Mientras la noche se ponía en Miraflores y yo fumaba un pucho, y fumaba los recuerdos que venían y se iban, suspirando y escupiendo mierda y media exhalando el humo que zigzagueaba por los aires fríos que se hacían sentir en mi cuerpo flacuchento sin abrigo. Presentía, y no presentía. Lloraba sin saber el porqué. Sonreía tratando de tapar mis miedos, sonreía mintiéndome a mí mismo. Sonreía porque soy miedoso y cabro, y eso ya es secreto a voces.

Estoy temblando. Y llorando. Y había jurado que nunca iba a llorar, menos por ti. Y tú me ves, me escuchas, sabes que por ti estoy así, quieres que voltee pero el miedo me gana como siempre y me jodo solo, como noches anteriores. Estoy temblando, con los ojos cerrados. Me siento perdido. Me siento herido. Me siento, tal vez, usado. Porque si jugué, me jugaron mal, y ahora no hay mofa, la chanza acabó en una noche solitaria de Miraflores, una noche fría, muy fría.

Mientras lloraba frente al mar, tú me mirabas. Lo sé, te escuchaba cuando me llamabas en silencio. Te sentía recostada en mi cuerpo congelado. Te sentía haciéndome botar el cigarro que siempre me decías que no fume al frente tuyo. Y lo boté, porque son tus recuerdos, y los cumplo por ser obligaciones. La arena se hizo más suave. Y el recuerdo de una noche estrellada no esperó, al ver la luna muy bien acompañada, dando brillo al oscuro momento que no tardó en ambientarse ante mis ojos con lágrimas que ya había caído y otras que no tardaban en partir.

Y mientras lloraba frente al mar, te pedía perdón, y te pido perdón, porque quizás te hice daño escribiéndote, también lo recuerdo. Te pido perdón. Te pido perdón mil veces. Por eso te escribo, para que me des una tregua, para explicarte las cosas, para llenarme de valor de agarrarte del brazo y decirte cuánto significas para mí, cuánta falta me haces, cuánto daño me hace seguir con esta farsa. Por eso te escribo, para que sepas que nunca te olvidé y nunca te olvidaré. Por eso te escribo, para que sepas la verdad de mi vida, la verdad de mis miradas cohibidas, la verdad de mis llantos desconsolados, la verdad de mi puta vida sentimental, con el corazón rasgado y hecho añicos, bien tirado y vapuleado en el piso.

Bucho.

domingo, marzo 25, 2012

POEMA

Poema de mi tío-abuelo que nunca conocí, 
pero que admiro por cómo plasmaba sus sentimientos 
en el papel que hoy leo con devoción.

Para Fabrizio Velaochaga.

Si alguna vez te apartas del horario señalado
y entras o sales sin preocuparte del reloj que te controla
como un sabueso mecanico
Si alguna vez te atreves a caminar con los ojos abiertos a la noche
ya por amor o por el odio amor no revelado
por el dolor o la dura alegria de estar solo
en cualquier noche tu puedes encontrarlos
en la ciudad de luces apagadas
mientras todos duermen
ellos trabajan.
Si alguna vez entre las calles sales comprendiendo aun sin comprender
necesitado de un camino
y te descubres en esa forma de estar vivo que es andar con los ojos abiertos
mirando a tu alrededor esa forma de no estar o estar dormidos
veras que en la ciudad adormecida
ellos mantienen una luz siempre encendida
Cuando tu busques lo que buscas
tratando de saber que es lo que tratas de saber
para oponer a esa muerte diaria que solo vemos porque no vemos
el rostro de la vida
Algo que esta en tu origen
y se proyecta con toda tu existencia desde antes de su comienzo
hasta el presente
enrumbara tus pasos hacia esa luz que impide que la noche sea total.

Ernesto Velaochaga Hildebrandt.
 

miércoles, marzo 07, 2012

EL PRIMER DÍA


A Xavi y la gordita.

La mayoría, entusiasmados, despiertan con el canto del gallo y de un solo brinco ya están en firmes modelando una sonrisa Colgate. Convierten su rostro aburrido a causa de la monotonía vacacional en un sinfín de caras invadidas por la emoción. Desbaratan la casa, ladran con el perro, despiertan a los padres que frustrados por el sueño que no pueden lograr, se unen a la algarabía que causa el primer día escolar. Y los progenitores cansados y ojerosos, y el canino chato con hocico salido no se excluyen del jolgorio a las seis con diez de un día donde al sol se le nota cagón.
La camisa blanquísima, el pantalón entallado y los zapatos bien lustrados la noche anterior, son contemplados por el púber que se empieza a desesperar. Las piezas reposan en la silla del escritorio que en los meses veraniegos sólo recibía la ropa limpia que se lavaba semanalmente y los cuadernos Loro donde se pintarrajeaba y gastaba lo que quedaba de los colores del pasado año. Y la mochila anaranjada Adidas que su madre le ha traído desde Europa, espera,  equipada con el clásico block de hojas aromadas y el lápiz Mongol recién tajado, el momento para descansar en la espalda del joven cuando salga de la casa en dirección al colegio que bien pintado de azul con vivos amarillos, dará la bienvenida a los muchachos que ya son caseritos y a los que llegarán por vez primera. 
Un minuto de quietud es raro para el joven que se viste dentro de sus cuatro paredes llenas de pósters de cantantes de reggae actrices gringas. Los rayos solares entran por la ventana abierta de la habitación. Se ilumina hasta el clóset cerrado. Una bandada chillona alborota el sosiego del muchacho, y se confunde entre las torres de alta tensión y los árboles que ponen el toque verdoso a esos cerros alejados que se pierden en el mirar. Acelera la marcha.
El desayuno es light, por la emoción. El joven conversa con sus padres que añoran la vida colegial: el recreo y los amigos que el destino les puso, y que ya no están. Risas moderadas pausan el parloteo familiar, volviéndose parte de él; culmina la reunión con el clásico que te vaya bien, cholo, acompañado  del religioso beso en la frente llena del acné pendenciero que caracteriza a esta etapa.
Y al cruzar el umbral de la puerta, el muchacho voltea y agita la mano, con la misma sonrisa Colgate de las seis con diez; mientras sus padres observan felices sus pasos raudos que lo conducen al paraje que para muchos (me incluyo) es el fiel testigo de los momentos más gratos de nuestras pobres y tristes vidas.

viernes, noviembre 25, 2011

TU FOTOGRAFIA

"Que te vaya bien sin mí, si te veo no te conocí, no es tan fñacil pero es parte de este juego; el teléfono nunca mas sonó, ella por mi calle nunca más pasó, no es tan fácil formar parte de tu juego..." Gian Marco.

A ti, querida.

Tu foto está acá, conmigo. Nuestra foto. Un beso y el amor brotando por los poros nuestros, a orillas del mar, y mis ojos cerrados, enamorados, y tus locos cabellos que me volvían loco, negrita, que me hacían pronunciar palabras que nunca antes había pronunciado. No. No la romperé. No tendría porqué hacerlo.  Y es que quisiera mirar todas las noches, antes de irme a dormir, a aquella chica que me hizo sentir de verdad, que me hechizó, que me cautivó desde el primer instante, que, inconscientemente para ella, me enamoraba más y cada día, en cada gesto, en cada palabra, en cada te quiero que ya no se susurrará más y sólo se recordará y se sentirá, haciendo del corazón contento una pena y vacío enorme.

Tu foto está acá, conmigo. También estás tú. Ahora te toca entenderme, tu recuerdo nunca se irá, el olvido nunca llegará… Ahora te toca entenderme, si te dije te amo, alguna vez, o algunas veces, pues no me arrepiento y jamás lo haré. Entonces digo que romper tu foto, para qué, dime, para qué, mi amor; si tan solo es papel, el amor aún está, no en el papel, tú sabes dónde está ese amor… y el recuerdo de esos hermosos meses siempre estarán en mi corazón, siempre.

En la soledad de mi departamento. Ni un pisco acholado me acompaña. Doce y tanto. Llanto y llanto. Que te vaya bien. Te escribiré.

martes, noviembre 15, 2011

TRAS LOS PASOS DE MI SOLEDAD


Me siento solo como un beso sin mejillas, como un abrazo sin sinceridad, como Adán sin alma y sin costillas, como un crimen sin sangre y sin oscuridad… y aunque todo no está bien, allí ando, porque no hay camino y sigo respirando; si me preguntas cómo lo conseguí, la respuesta sería al menos me tengo a mí. 
- Los Aldeanos ft Rapsusklei - Soledad.
Y la noche me agarra en plena calle chorrillana, desolada, y yo ahí, acompañado tan solo de las luces de los postes viejos que son tan largos como este mal día. Camino queriendo perderme. Me pierdo queriendo jamás encontrarme. El silencio no me atemoriza; me tranquiliza, me vuelve otro, me ayuda, me calma, la soledad la siento mía, es mía. Cada vez camino más lento, camino, mirando cómo parpadea la luz de un poste que tiene escrito revolución, actitud, poesía en la parte baja, claramente pintado con aerosol rojo por algún chico que ha encontrado en la calle lo que yo estoy empezando a encontrar, cada vez más seguido, cada nocturna salidita pendenciera, solitaria. Me quedo viendo aquella obra de arte, la contemplo, la contemplo unos minutos más. Una pausa. El silencio reina. Mi tranquilidad.
Y hoy solo encuentro soledad ya /guerra en mis palabras / la oscuridad en estas hojas son pintadas / son las razones / escasez de luz en las canciones / heridas que no sanan y hasta acá su ver se opone.
Mis ojos me han dado gracias por aquellos instantes. Mensaje claro, directo. Y pues, sigo caminando, queriendo ser olvidado y olvidarme a mi mismo, tratando de no olvidar aquellas palabras llenas. No pretendo juzgarme pero sé que la basura al costado mío es aromática, que el desagüe más pestilente es el río Amazonas, caudaloso, maravilloso. Juego el último juego que me toca jugar. Out. Out. The end. Lo juego queriendo perder y ser goleado y humillado y vapuleado desde el primer minuto, y hasta antes, desde la misma previa. Ya no quiero nada, de nadie, ni de mis putos deseos. Digo que quiero irme, que estoy más solo que nunca, que irme de una puta vez sería un bien para la comunidad, irme para no volver volver voooolver, a tus labios ya no otra veeeez.
Hoy respiro paz / tras aquel antifaz / tatuajes en mi cuerpo cuentan de que soy capaz / escribo por las noches / derrocho ya mi tinta…
A veces trato. A veces lo hago. A veces actúo, sin pensar. A veces me ilusiono, e ilusiono. A veces juego. A veces pienso, hago y ya no quiero nada. A veces me desilusiono, y desilusiono. Escribo no queriendo escribir. Escribo con ganas de matar, de matarme, escribiendo. A veces intento. A veces ni lo pienso. A veces salgo, cierta noche, a las tres de la mañana, a caminar, y salgo yo y mi otro yo juntos, caminamos, caminamos y mucho, lentos, seguro él, desconfiado yo, amariconado, llevando en el bolsillo derecho del pantalón lo suficiente para sobrevivir, un gorro con la visera para atrás y unos lentes negros que tapan la tristeza de mis ojos. Y una melodía comienza a sonar en mi cabeza. La escucho hace unos años y hoy, la vuelvo a escuchar. La melodía juega conmigo y yo, camino, más lento aún, porque quiero sentirme muerto en cada paso que dé de aquí en adelante, y más adelante, quizá. Silbo. Silbamos. Mi otro yo y yo estamos juntos, en esto, y siempre.
Hay soledad / te siento más conforme sube mi edad / y a decir verdad / prefiero la mierda con sentido / a la falsa libertad que nos dan / sin un buen plan no habrá pan si los amigos no están…
Conto mis pasos. Con frialdad, miro las huellas cuando vuelvo la mirada hacia atrás, en las pocas veces que volteo la mirada hacia atrás. Las dejo. Las dejaré para siempre, esperando no recordarlas de aquí hasta algún tiempo bueno, si es que habrá algún tiempo bueno. Me veo de aquí a unos años más. Una lágrima. Una pausa. El silencio reina. Mi tranquilidad. Conto mis pasos y dejo una sonrisa pendeja, la sonrisa que siempre me acompaña y que la soledad me enseñó cierta noche, en alguna calle fría y desolada de Lima.
Martes, 15 de noviembre. 10:50 de la noche. Una pausa reina.

miércoles, agosto 31, 2011

EL BARRIO


Los Tulipanes.

Las tardes cuando salimos con una pelota y nos vamos a la cancha.

La tienda de todos, la que nos salva del hambre, Marcial.

Las chicas que se mudan a la vuelta y que están para darles vuelta.

Para no olvidarme, la bolsa de chizitos que Marcial tiene en su estante rojo desde hace treinta años, empolvada y con arañas.

Los chicos, con voz de mujer y escotes y pantalones apretaditos, que se juntan para tomar güisqui etiqueta roja ya no ya todas las noches en el 28.

Mis amigas que por feisbuc dicen que soy hermoso y escribo bonito, pero que en la vida real pasan por mi lado escondiendo la cara.

Los Sicarios. Los Fríos. Los lanzas. Las motos toneras con luces de neón que me vuelven loco con la misma canción, siempre.

Pedro Silva, la mía.

La caseta verde donde Julio entra todas las noches y nos cuida, fuma y cuida, fuma y duerme y ya no cuida.

Julio. Brocha. Viejo. Duque. Una cajetilla de veinte por dos lucas, por favor.

La Charapa que se muere por el chisme mañanero y el despertar que se siente cohibido.

La Charapa y la Abuelita de Piolín, el dúo magnífico, y Julio, que también pone la oreja algunas tardes frías, con un Elephant entre los dedos.

Los Martínez y su parque de juegos que parece casa familiar.

El Guagua. Pichi. Y esos proles que la sudan y que comen solos, viven rudos.

El Villalobos.

El Valle Azul, bueno, sólo una vez y ¿qué ves?, carajo, una chola tetona cagando, perdón.

El boulevard de ahora, sin nadie, que ya no debería llamarse boulevard, no parece un boulevard. El boulevard de antes, de viernes y sábado, gentes y gritos y putas y drogas y ¡putamadre, qué bulla!

Los muros libres y altos que no existen pero que viven en nuestros corazones, y que nacen al apretar un poco el aerosol.

El 513 y la pinta de Los Sicarios.

Pedro Miotta y el ron que me mató en un año nuevo que no recuerdo con exactitud en estos momentos, porque otro ron me está matando y uno de piernas también.

Los dos mercaditos que me hacen la vida más simple, caminas poco, gastas poco, y encuentras todo en un solo stand.

El paradero de las motos discotequeras.

La pista por donde camino con cuidado, para que ninguna discoteca rodante me cague la pata y otra extremidad más, porque ya me cagaron las orejas y la cabeza.

Las calles de la Zona B, todas, por donde alguna noche sociable, solitaria, pasé, algunas mañanas difíciles, con resaca, algunas tardes cuando el sol reinaba, cansando de jugar a la pelota, cuando pasé, de testigo ahí deben quedar las colillas de mis Pall Mall.

Paul. Guicho. El Negro. El Gordo que ahora es flaco, sí, vamos, palito, pero nunca tanto. Cubito, que crece a diario. Chucho, que la pega de malo con tremenda cara feíta, caquita. Diego y su Eclipse que sale quemando llantas y regresa en grúa. Vinchenzo o como se escriba, Lechuza, mejor. Cinco cinco. Topo y la competencia con Chucho por saber quién es el más pepa.

El árbol que me cobija, el que evita que la lluvia me desmaye cuando sentado trato de escribir unas líneas, acompañado de una chata de Cartavio, añejo, y unos fuegos en unos blancones, Malboro Gold, pues los Pall Mall quedan en mi corazón y me acompañan en las nostalgias que a veces me invaden cuando estoy en el barrio. 

martes, julio 26, 2011

SOLEDAD


Frío
No estás
Hoy
Lloro
Pienso
Juego
Sueño
Río
Loco
Sigo
Corro
Grito.
Pall Mall
Azul
Cielo
Negro
Llorón
Cagón
Triste
Yo
Paso a paso
Huellas
Luna
Lima
Caótica
Fea
Noche
Estrellas
Soledad
Ciudad
Ruido
Putas
Letras
Fluyen
Giran
Rebotan
Se inhalan
Se aspiran
Juegan
Amores
Hojas
Fuego
Pluma
Agua
Corazón
Alma
Lágrimas
Gemidos
Corro
Grito
Sigo
Vida

viernes, julio 08, 2011

TE QUIERO


A, Thalia Tenorio, 
la mujer con quien camino mis días.

Un te quiero recorre todo mi cuerpo, no puede salir, quiere pero no puede, no hay ninguna dificultad física, simplemente no puede. Un te quiero se hace el loco dentro mío y no quiere salir, no, no quiere, se hace el que no sabe, no conoce, no siente, y después en la noche fría, como la de hoy, me caga la cabeza y me hace pensar en ella, en esa chica que si mi te quiero escuchara, me haría feliz o me vapulearía con su indiferencia llamando nuevamente a la tristeza (y por ende, a la soledad), compañeras que ya había pensado decirles: “chicas, perdón, pero quiero ser feliz” y ya no contar más con su compañía.

Esto es para ti, perdón si te enamoro: Me gusta tu caminar. Me gustan tus ojos. Me gusta tu mirar.  Es que tu carita llena de ilusiones y sueños me tiene loco, me ha vuelto loco, me enloquece la vida cuando en las mañanas te encuentro, por ahí, pensando, sola.

¿Leerás esta cursi crónica? De repente sí, de repente no, de repente alguien te cuenta que he escrito algo estúpido, una indirecta recontra directa y que es para ti, quizás, ojalá sea así, aunque no creo, no soy tan leído, mi amada.

Y vamos de nuevo con ese te quiero loco, inquieto, con ganas de conquistar, con la ilusión de ser aceptado y escuchado, como un susurro, en el oído tuyo. Y vamos de nuevo con ese te quiero que quiere que sólo lo escuches, nada más, si surge algo, bueno sea, pero él es sincero, ese te quiero habla con la verdad, ese te quiero es la verdad, mi verdad.

Y ahora me echo a la cama a pensar, escuchando Camila, y viendo el humo del cigarro que fumaba, volar y sostenerse por los aires como diciéndome, vamos, haz algo, dile todo, grita ese te quiero, maricón, y yo siento eso, pero no puedo, siento que no debería hacerlo.

Cuando mañana te vea, como todos los días, no te diré nada, sólo te contemplaré, así te diré cuánto me gustas, te contemplaré muchas horas, como hoy, en la mañana, y no te darás cuenta, como hoy, ¿me viste? no te creo, espero te des cuenta, algún día, hermosa. Quizás, quién sabe (solo el falco de arribita), ese te quiero se escuche mañana, es que no puedo más, no sé, estoy loco, por ti, claro está. Quizás, mi amor, ese te quiero, si lo escuchas, hará que tus ojos se dirijan donde estoy yo, pero yo, hablando en serio y enamorado, quiero estar dentro de tu corazón. Nada más. Eso te quería decir y, claro, ese te quiero, siempre.

jueves, junio 23, 2011

ALGO DEL BOBO




ANDREA

Traté de entenderte pero nunca conseguí mi objetivo. Traté de que aquel objetivo se disipara, pero tampoco lo conseguí. Te veo. Tu foto. Mi sonrisa. Palpitaciones. Te veo, pero ya no quiero verte más, nunca más. Creo que ese nunca más no será cumplido. Creo (a estas alturas del partido, sé) que ese nunca más lo utilizaré mañana y pasado mañana y el día después y así el que vendrá, los que vendrán y así, nunca más, mis dos palabritas de moda. Ese nunca más lo usaré tres mil veces y entonces nunca más te irás. Nunca más. Pero igual queriendo que te vayas. Pero. Nunca. Pero. Más.

NATALY

Salgo contigo y pienso que contigo quiero salir siempre. Tranquila, tranquila. He empezado a pensar (si vale el término), que contigo estoy tranquilo, sí, totalmente tranquilo, como embobado, atontado y ahuevado. Estoy. Estás. Estamos. Jugamos. Te vas. Me voy. Y en la noche el teléfono que suena y que suena, que jode y que jode. Ring, ring. Que suena y que jode. Ring y me desperté. Veo tu nombre en la pantalla, “son las tres de la madrugada”, pienso y contesto, bostezo. “No puedo dormir”, inicias. “¿Cómo que no? Pues intenta y si no puedes te quedarás conmigo·, agrego, sin sueño. ”Sería bonito. Sería bonito quedarme contigo.” “¿Tú crees?” “Claro, algo inolvidable”, y un suspiro acompaña la noche. Un silencio llega. Escucho al grillo que afuera de mi ventana canta: “Te quiero”, siento que es verdad. “Me quieres cagar. Chau.”, el teléfono volvió a ser el mismo aparato negro en forma de ladrillo de siempre. Soy tonto. Fui tonto. Saben que soy tonto y por eso mismo me tontean con confianza. Me cagan. Me escupen. Gritan, lloran. Y yo, sigo tonto, atontado y ahuevado, como siempre.


PINPOM


Prendo un cigarrillo. Es de noche, una noche fea, cagada, con un chiste hecho lluvia. Miro al cielo y el recuerdo de él se nota en mis ojos enrojecidos.

Ocho de la noche. Sufro. Lloro. Desde hace una semana que no se nada de él. Él, mi amigo, compañero, hermano. Lloro. Y es que desde hace una semana pienso que ya no está conmigo, que ya se fue, que ya se me fue. Pienso y lloro aún más. Con una mano me cubro los ojos y el llanto. Me siento en el sillón donde solía echarse a dormir. Pienso en él. Aparece. Miaaaauuu, maúlla con dolor, casi chillando, lo conozco, son casi siete años. Salgo en busca de un veterinario que lo ayude o que lo salve. Corrí por y para todos lados. Encontré uno abierto, gracias a Dios. El reloj marcaba las once del viernes. Miaau, ya no quiere ni maullar. “No puede -agrega el doctor- un día más así y se nos iba”, se involucra. “Haga todo lo que esté en sus manos”, le ruego. La noche reina y mi compañero está estable, recuperándose, pero bien, fuerte, luchador. “Es mi culpa”, pienso y el sueño me gana. Los días se pasaron volando y el tratamiento era un logro, un éxito, vivía feliz y miaaauuu se escuchaba a cada rato y donde sea, como antes. Por un viaje a Chincha me ausenté por unos días de mi casa, de mi hermano y de todas las estupideces que escribía. Al regreso sentí que algo estaba mal, olía a tristeza. “Lo llevé de emergencia. Lo de siempre”, me dijo mi tío, con los ojos llorosos. Corrí a la veterinaria. Corrí y no me importaba nada, ni el cansancio que tenía hasta hace un minuto, o segundos. “Segunda vez”, me sorprendió la doctora. “¿Está bien?” “Sí, muy bien, pero estaría mucho mejor si la hacemos análisis porque es raro lo que le pasa”. Pasó una semana y mi compañero no orinaba, no cagaba, no hacía nada, el miaauu de siempre ya no estaba, ni corto, ni nada.

Ahora ya no está conmigo, porque el flaco lo recibió y lo siento. Ya no lloro como antes porque sé que está mejor. Mañana, de repente, cuando salga a la calle y vea el árbol, ahí donde está mi hermano, su cuerpo y casi siete años de mi vida, le diré: “Mejor que estés ahí, aunque es mejor que estés conmigo. Espero estés bien, Pipito. Ahora tu nombre está marcado en este árbol viejo, frondoso, así como también en este corazón deshecho pero fuerte y valiente como tú. Te quiero.”

sábado, abril 30, 2011

LLANTO CAGON






Con el mar en mis narices puedo decir que mi día (o que mi tarde), ha sido reinado por el llanto cagón y desconsolado y vacío y feo. Necesité un hombro donde apoyar mi atolondrada y loca cabecita pero nada encontré, nada, nadie. Y es que el compañero mío que otros lo llaman gato y los que saben Pinpom, está mal, algo en su barriguita lo molesta, algo que no sé qué es. El veterinario ya me dirá qué hacer, además, ¿los gatos tienen siete vidas, no? Vamos, eres fuerte, yo lo sé, por eso te amo y espero que te recuperes, siempre te amaré y cuidaré. Y es que gracias a lo que le pasó a Pinpom yo regresé, volví aquellos olvidados pensamientos santos que tenía, aquella fe que, según yo, ya no era tan completa. Porque en pleno llanto iba caminando, loco, solo, y el cuadro del Señor de los Milagros se me apareció colgado en la pared, antes lo veía y lo ignoraba, ahora lo contemplé, le pedí perdón y le prometí que escribiría sobre el momento. Y cuando lloraba en uno de los sillones de la oscura sala, mi tío me encontró y me gritó y gritándome aún más fuerte ( y yo pensando: "porqué carajos todos me gritan") me llevó a su cuarto y allí, echado en la cama, estaba él, mi gato, mi Pinpom, mal pero fuerte como él solo. Y yo llorando, y yo rezando y yo dándole gracias al flaco que todo lo ve y puede y yo pidiendo perdón y yo... y mi tío, después de un breve descanso, comenzando nuevamente el regaño.




Mañana, espero, que sea otro día, pero uno bueno, flaco, uno para poder sonreír y decirle que lo quiero.




Son las dos de la madrugada del treinta. El mar sigue ahí, conmigo y con todos, pero más conmigo. Y así, el sueño me vence.

miércoles, marzo 16, 2011

EUGENIA




UNO
Hubo momentos en mi casa en que mi abuelita no podía con nosotros. Mi mamá estaba en España trabajando y nosotros nos habíamos quedado bajo las órdenes de mi abuelita y de mi tío. Era la primera vez que mi mamá se iba a otro país y nos dejaba sin su presencia recta, frívola, loca.
Mi abuelita siempre salía y quería seguir teniendo sus libertades, como ir a pasear con sus amigas, respirar aire fresco, tranquila; pero como tenía que estar con nosotros no podía salir, entonces se quedaba amargada en la casa cuidando más que nada de mi hermano que tenía tres o cuatro y de mi hermana que estaba en tercero de primaria. Yo me sentía un poco más libre, gracias a mi tío César. Yo sentía algo raro dentro de mí, un resentimiento de no tenerla cerca, de extrañarla siempre, me volví algo duro, muchos me decían (hasta hoy siguen diciéndome) ingrato, inhumano, malo, que no tenía cariño por nadie; pero qué podía hacer, me había vuelto un mal hijo que ni “hola” le decía a su mamá por el skype, nada de nada, y gracias mamá.
Con ella siempre hablaba mi tío, él era “mi mamá” acá en Lima. Y acordaron un día que mi abuelita no podía más, que necesitaba alguien que le ayude con la limpieza y todo eso que se hace en la casa, dos manos más y una actitud tremenda para que la casa se mantenga “en pie”, limpia, reluciente, como mi mamá la había dejado. (Porque aunque tenga mil defectos, una cualidad positiva que rescato de ella es que es una aspiradora humana, es una adicta a la limpieza –como mi tata, mamá de mi papá- se levanta muy temprano para barrer todo si no, no está contenta, después más tranquila regresa a seguir durmiendo).
Entonces acordaron los tres que una señora que mi mamá conocía vendría a ayudarla a mi abuelita, una señora bonachona, noble, atenta, con un ángel que la hacía más maravillosa todavía y que hizo que nunca me pueda olvidar de ella. Donde estés, va para ti.
DOS           
Su nombre es Eugenia, nunca supimos su apellido. El primer día que la vi me sentí raro, sentía que ella era una persona que trabajaba para nosotros, lo era, pero lo notaba raro porque nunca nos habíamos dado esos placeres, que alguien venga a limpiar y nosotros bien sentadotes. Recuerdo que Euge (así la llamaba mi abuelita quien muy rápido se encariñó mucho con ella) venía todos los días en la mañana, primero, después, venía los lunes, miércoles y viernes y más tarde (hablamos de dos años más o menos), sólo dos días a la semana, los martes y jueves y ella, siempre cumpliendo su labor, nunca dijo nada, pero mi abuelita, apenada, en sus tiempos libres, le explicaba los motivos del recorte de  horario.
Cuando venía todos los días, mi hermana y yo estábamos en el mismo colegio, y al salida siempre íbamos raudos a la casa y al llegar, no sé si mi hermana también, pero yo, contemplaba la casa radiante, tiza, oliendo rico y me iba a mi cuarto contento, tiraba la mochila por ahí ya que el piso estaba barrido y lustrado (cosa que nunca había hecho yo, lustrarlo) y con el olor a lavanda o a floral y me echaba en la cama a dormir, feliz y amando a Eugenia.
Ahora, también, después de dos años o poco menos, recuerdo cuando un día regresé de estudiar (ya no estaba en el mismo colegio con mi hermana, había regresado a la escuela donde comencé la secundaria y que al escribir esta crónica extraño tanto), no sé por qué, pero pasé mi mano por el piso debajo de la mesa de noche y sentí toda la tierra que estaba acumulada ahí, muchas pelusas vi pegadas a mi palma y eso me llenó de cólera y no se lo perdoné a la pobre pero gran persona que era (y seguro sigue siendo) aquella señora que mantenía mi casa bien. Ahí mismo salí de mi cuarto y me dirigí hacia la habitación de mi abuelita a “acusar” a Eugenia señalándole mi mano que mi cuarto estaba sucio y que no había limpiado nada y que estaba muy amargo y rabioso y colérico, mi modo de hablar y mis gestos me ayudaban mucho para que mi abuela me creyera y que me creyó; al día siguiente, cuando yo estaba en el colegio, habló con Euge y le dijo que porqué no había limpiado mi cuarto, ella le respondió que sí lo había limpiado pero como le había pasado el trapo húmedo la tierrita se había quedado en los rincones y eso era lo que yo había sentido al pasar mi mano. Me avergoncé cuando mi nona (así le digo yo a mi abuelita, en idioma italiano y por costumbre familiar) me reprodujo lo que le había dicho Eugenia esa mañana (ella me contó la conversación que tuvo con Euge cuando volví de la escuela). Me sentí mal, cagado, poco hombre, inhumano. Al día siguiente cuando volvió Euge no tuve cara para ir a abrirle la puerta. Ella sabía que yo le había ido con el chisme a mi nona. Ella sabía que era malo pero conociéndola, seguro ella no le tomo importancia y le dijo a mi abue “pero nonita, los chicos son así, espontáneos, no hay ningún problema.” Ella es una gran mujer y gracias a ella entendí que las personas no valen por lo que tienen puesto ni por lo que llevan en los bolsillos, sino por lo que tienen dentro, por su corazón, por sus buenos sentimientos.
TRES
En esta crónica quise recordar a Euge, noble, bonachona, de un acento bien marcado de las entrañas peruanas y de unos ojos hermosos, saltones. Era gordita y aunque subía y bajaba escaleras como ninguna y barría y se agachaba para limpiar debajo de las camas de mis hermanos, y etcétera, y etcétera, nunca dejó de ser una gordita linda y que hoy extraño, extraño su presencia activa que ponía eléctrico a cualquiera, extraño sus pelos desenfadados que jugaban con sus ojos a no dejarla ver lo que estaba limpiando y ella gritar: “pelitos del demonio, quédense tranquilitos ahí” mientras se sujetaba los cabellos con un moño casi por la nuca.
He decidido escribir algo más extenso sobre aquella señora que aunque poco tiempo duró en mi casa (casi año y medio más o menos, creo) todos aquí le agarramos mucho cariño porque aparte que dejaba la casa en pie, nos dejó una actitud tremenda para hacer bien la cosas, meterle “punche”  a todo, amor, simpatía y siempre hacer las cosas de buena fe. Donde quiera que esté, siempre la recordaré porque gracias a ella, cuando estoy limpiando mi cuarto, barriéndolo, la veo a ella ahí diciéndome, tal vez, no sé: “recuerda Fabri, que si le pasas el trapo debajo de tu mesita de noche, las pelusas quedarán ahí como tierrita acumulada” y empiezo a reírme solo y a mirar por la ventana el lindo cielo de hoy.