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miércoles, marzo 12, 2014

Métanse la alcaldía al poto (o Lourdes Flores Nano, patinando)



Tan sólo siendo bachiller de la Universidad del Pacífico en Economía, Pablo Secada ya tenía un muy buen puesto como Economista Senior del IPE (Instituto Peruano de Economía), enseñaba en su alma máter y se jactaba de saber tanto de economía que cualquier simple mortal pensaba que ya era titulado, doctor y tenía una maestría en las mejores universidades del planeta. Pero no, el pequeño Pablo no hace poco dejó de ser bachiller y lustró una maestría en Política Pública que le costó conseguir en la Universidad de Chicago en gringolandia, pero sin dejar de ganar la plata que quería y la ansiada fama tanto en la próspera economía peruana como en sus muecas politiqueras que bien sabía ejecutar dentro de la chompa.


Secada por ayuda de sabe que Dios, entró a trabajar siendo aún bachiller de Economía de la Pacífico a un muy buen cargo en el IPE. Muy buena mano el que lo colocó, el que le tuvo fe, pero igual el muchacho no desentonó, siguió ascendiendo agarrando tremenda confianza económica y aprendiendo desde ya las mañas en la política nacional. Profesor –ya con maestría en mano y no en vano– de la Pacífico, Consultor de la EIU (The Economist Intelligence Unit) y Regidor en la Municipalidad de Lima por el PPC (Partido Popular Cristiano). Y estuve revisando que tenía un blog en el cual publicaba temas de economía y política nacional, teniendo muy buenos comentarios y  muy buen puntaje entre sus lectores, apoyo incondicional al gran Pablo: Chicago y Macondo.


Hay quieren pensarán que este Pablo Secada es un genio (y quizás lo sea, como tantos que eran genios y no sé dónde están), que sabe tanto de números y estadísticas como de generar un buen gobierno, mantener en orden a una Lima Metropolitana en base a un estudio económico e ideales liberales, capitalistas e inversiones públicas y privadas my bien llevadas. Se consagra si lograra todo lo propuesto anteriormente. Se consagra y es un Dios, bien digo. Pero lo que tiene de genio lo destruyó y lo catapultó a la nada, al barrio, a la mierda. Sus títulos, sus galardones que gracias al compadrazgo mezclado con sus habilidades natas consiguió en los diferentes puestos que le encargaron, los hizo añicos al ganar el diploma del más cojudo por unas cuantas sandeces que lanzó contra una mujer policía y anteriormente, por severas palabras de su esposa, condenándolo por maltrato físico (aún no probado).


Su flamante precandidatura a la Alcaldía de Lima Metropolitana con la firma referencial  de la eterna Flores Nano, claro está, se fue a la reverenda mierda, se fue al poto de Lourdes por segunda vez consecutiva, digo.


Pero quizás en algo concordamos. Quizás también pienso igual que Secada sobre la Policía peruana y lo digo y lo publico porque es mi opinión y hay libertad para hacerlo, pero no le falto el respeto a nadie, menos a una mujer. Él lo hizo, fue un malcriado y despotricó contra ella. También apoyo cuando dijo que deberían de estar persiguiendo a los ladrones, asesinos y violadores, pero está perfecto, también sea quien sea, que regulen y sepan corregir a esos conductores que no tienen la licencia a la fecha y menos el permiso de lunas polarizadas, siempre adjunto a sus documentos, en el auto. Es por eso que el supuesto genio de Secada se convirtió en un animal, un energúmeno, un Hulk malísimo y horrible que sólo sabía escupir idiotez tras idiotez cuando se negó ir a la comisaría por una vía de tránsito y tomó otra que no conocía y se perdió y quiso limar asperezas en el camino pero la policía no cayó en el juego, se resintió y ella tomó al toro por las astas disfrutando del juego.


Ahora, como era de esperarse, Pablo Secada renunció a la precandidatura (aunque sigo creyendo que la mandó a la mismísima mierda). Pero por facebook. Sí, renunció por facebook. No lo hizo en público, no habló, no llamó a las cámaras de la tele. Lo hizo por la red social del momento. Quizás para evitar el miedo al griterío popular, a la llovizna de críticas del oficialismo, al vapuleo de la masa que aún creen en la gente del orden o peor aún, a la destrucción de todos –y me incluyo– hacia un patán que simplemente le habló feo a una mujer. Sea quien sea, fue una mujer. Pero que ahora, esta mujer se agarre de la policía y otros datos para hundirlo más, no lo entiendo. Un cargamontón no es debido, crear falsos testimonios, falsos golpes, falsas reacciones tampoco. O sea, tampoco tampoco ¿no? Se grabó, hay pruebas y ya está.


viernes, septiembre 14, 2012

LADY PIZARRO Y MI RONQUERA o (crónica contra la albiceleste)


Columna de todos los viernes en La Pichanga.

He quedado ronco. He gritado con mi voz de cabrilla adulta todo el maldito partido. He insultado al árbitro cuantas veces he querido, tocando mi televisor, queriendo atravesarlo cual pela terrorífica para meterle un lapo y ordenarle que  cobre la falta que yo creí que fue. Me he quedado ronco, insultando a lady Pizarro cuando falló el penal, a los pocos minutos que empezó el partido. Que se vaya a la mierda, decía, está maldito ese gringo de puta, agregaba. He quedado ronco, también, porque he escupido todos los insultos que no creía jamás vociferar, en la habitación de mi padre, con la ventaba totalmente abierta y el viento que entraba como Pedro en su casa.

Me mantuve sereno hasta una hora antes del Perú-Argentina. Amigos me preguntaban, me pedían pronósticos, yo ignoraba las peticiones y ejecutaba un plan de salida con un cambio de tema espectacular. Nadie me creía, sabían que no quería hablar de fútbol y me empezaban a preguntar por mujeres. Asentía, alegremente, cuando la mencionaron, escribí un par de cosas y seguí con lo mío. Sonreí cuando me dijo un amigo argento que íbamos a perder por goleada, me mandó un extenso mail diciéndome que nuestra relación amical no se verá afectada por la pérdida de la noche y más vainas, respondí conciso que todo se vería a las ocho con treinta, en el campo de juego, y me despedí, mandándole saludos y besos cariñosos. El tipo me había enviado otro mail: Sos un hijo de puta, ¿crees que le darás pelea a Messi y todo su séquito? Tuve la delicadeza de responderle: El mejor del mundo sabrá jugar como mejor lo hace y en mi Perú querido. Haremos hasta lo imposible, che. No envió más y contento esperé la hora de la hora, ¿de nuestra muerte, amén?

Mis pies comenzaron a moverse cada vez más rápido, incontrolables. Son los nervios, pensé. En el Twitter la gente publicaba al segundo: En el Nacional el público… La selección ya está en camino… Messi luce confundido… Guerrero en la banca… Más me entraban los muñecos y me alucinaba a los jugadores que estarían en la zona de guerra, con toda la afición hinchando y reventándoles los tímpanos, coreando sus nombres y al insignificante yerro, el insulto respectivo.  Me imaginaba a cada uno contra esos cucos gauchos tan soberbios que vinieron tan confiados que hasta prepararon parrila en el living del hotel.

Canté el himno con el pecho inflado, llorando como nunca había llorado. Estaba ansioso, quería que el árbitro pitara el inicio. Por la tele pasaban las caras de Mascherano, de Messi, de Higuaín, los puteé con ganas locas, hijo de puta, cabrón de mierda, les decía, pensando que me escuchaban, sacando el maleante de ventana que ciertas veces me acompaña. El árbitro pitó y se movió la redonda. Pasando el minuto de juego, Farfán desbordó y Di María le metió un señor patadón karate kid, cometiéndole penal. Lo grité, volví a llorar y el bobo se me puso a mil. Lady Pizarro salió a la pasarela, agarró el balón y en puntitas lo colocó en el point, retrocedió pensando en Barbies, corrió pensando en sus caballos, y falló, se arregló el peinado, nervioso, y alentó a sus compañeros frente a un contexto que le quería sacar la entre puta.

Grité el gol que no fue, recité el diccionario lisuriento que alguna vez mi abuelita me enseñó a memorizar, en orden, las más tranqui al comienzo, después las bombardas y el piquito chabacano. Marca ahí, carajo, gritaba. Tírate, huevón, que no la tenga, que no la tenga tanto tiempo, agregaba. Messi y la puta que te parió, decía cuando la tenía La Pulga. ¡Ronaldo, eres el mejor, diablo!, decía y un peruano, en carretilla, le sacaba el balón al enano que nunca se supo parar en el remodelado Nacional que lució espectacular.

Tiro libre, a ver las prácticas con el Mago. Saca Lobatón para Cruzado, al costadito, despacito. Rinaldo le saca un pase de la nada a Advíncula que corría por la banda derecha, el negro que corría tipo Bolt-choro-monce se encontró el balón y sacó un pase a ras de piso para el centro del área argentina. La encontró Zambrano que la punteó y empezó a correr para gritar el primero con toda la gente de Occidente. Grité como nunca. ¡Gol carajo! ¡Argento maricón! ¡Y dónde están, y dónde están…! Grité tanto que los vecinos del edificio tuvieron que bajar para tranquilizarme y darme agüita de Azahar que tomaba de a pocos, gritando con lo poco que me quedaba de aliento y garganta.

Me sigue doliendo el pecho que me golpeé ayer como Tarzán de la selva en el primer gol. Me zumban los oídos. Tengo un dolor espeluznante en la cabeza, me vuelve loco, me saca de quicio, me hace caminar malhumorado y contestar feo y no dejar que Dianita ladre a cuanto salvaje se pone a jugar en el Acapulco. He gritado como nunca, he puteado como nunca, he golpeado mi televisor como nunca, pero está intacto, no se ha roto, no se ha rajado, no se ha quiñado, y eso me saca una sonrisa maricona.  Le escupía a la tele, pisaba fuerte, como parando un balón, pateaba la cómoda como tratando de patear -cual cañón en 28 de julio- cuando lady Pizarro estaba al frente del balón, en ese penal que no supo mandar a romper las redes del cuadro de Messi y compañía.

sábado, julio 28, 2012

INFLO EL PECHO, GARBOSO



No encuentro mi bandera rojiblanca. Comienzo a buscarla entre los cajones grandes de mi cómoda. No está. No veo la escarapela en el pecho de las diferentes gentes que habitan este edificio. Qué raro. No escucho hablar de la jarana, del cajón, del cebiche con sus chelitas, de la Inca Koca. ¿Qué tienen? Subo hasta el último piso del Acapulco y veo flamear entre los aires raros de esta Lima, mi bandera que no es mi bandera, vieja, con varios años encima, cocha, pero limpia, imponente.

Me acerco al mástil. Es de madera antigua, fuerte. Me siento y diviso el Chorrillos que nunca vi. Las azoteas de los edificios de al frente, de al lado. No tengo miedo a caerme. Un Cuzco que nunca he visitado, me invade. Y no estoy a 3 500 msnm. Me siento Atahualpa en medio de la habitación llena de oro y plata, con el español señalándome con la espada. Yo, sin miedo, furioso, enseñándole los dientes. Camino. No camino detrás de él. No lo miro para abajo. Me siento en la silla, cojonudo, con la frente en alto, mirándole a los ojos. Cajamarca es mía. Vuelvo. Chorrillos es mío, y el vértigo me empieza a cagar.

Mientras bajo las escaleras lentamente, de un departamento escucho a Eva Ayllón cantar esta es mi tierra, así es mi Perú, en vivo. Me quedo un ratito. Escucho voces, cantores improvisados, cantores que se basan en el corazón zurrándose en la voz chillona que les gana. De repente, el gran Zambo Cavero y Avilés salen del minicomponente y cantan inflando el pecho, orgullosos de su tierra. Y llega Lucila Campos, Pepe Vásquez, y la loca de Lucía De la Cruz, y Bartola con Susanita Baca y su landó con pasos de ganso erguido, mientras recito una décima de Nicomedes Santa Cruz y contemplo el caminar cansado de Polo Campos, al entrar en su departamento, en el otro block del Acapulco.

Con la cabeza llena de cantores y jaraneros de voz garbosa, regreso a mi casa con hambre de gloria, porque Dios a la gloria le cambió de nombre y le puso Perú. Hambre de un Cebiche de lenguado y su vaso con chicha morada heladita, para joderme la garganta en pleno invierno cagón. Un vaso con Inca Kola, dorada, la bebida de sabor nacional, brillante. En la noche, un Arroz Chaufa, infaltable. Una bandeja de Lomo Saltado, bien saltado con ¿ron?… Pisco Sour, el trago nacional, aperitivo, trepador, más pendejo y más criollo que el mismo peruano. Un ají de gallina, y para tranquilizar la lengua achorada, una Cristal al polo, una rubia tentación, la única, dicen.

La boca se me hace agua. Se me hace Pisco. Pisco puro, acholado, quebranta, nacional. Se me hace anticucho. Se me hace Cusqueña, la mejor rubia. Se me hace mazamorra. Se me hace suspiro a la limeña. Se me hace causa rellena. Se me hace helado de lúcuma. Se me hace rocoto, relleno. Se me hace agua, y no oro.

Encuentro la bandera. Canto el himno nacional. Airoso. Orgulloso. Con alma, corazón y vida. A viva voz. Inflo el pecho, garboso. Y al culminar: Arriba Perú, carajo, lo grito hasta no sentir mi garganta, mientras mis ojos se llenan de lágrimas apasionadas. 

jueves, noviembre 03, 2011

VENGO A CHORRILLOS





Vengo a Chorrillos. Vengo para quedarme, siempre. Vengo para vivir, para escribir, para sobrevivir, no sé si para morir. Mi papá está acá y aunque nunca me hizo oficialmente la propuesta de irme a vivir con él (porque antes era otro mi lugar de diabluras), sé que siempre quiso que yo viva con él. Entonces mi Tata se puso mal y así lo quiso el Flaco, ya saben. Y mi papá, desde aquel nefasto día, se iba a quedar solo, y eso no era muy alentador que digamos. La soledad es buena en ciertos momentos (como este). Cada vez que puedo (o quiero) acudo a la soledad, la llamo, me voy en soledad, que es una consejera estupenda, con un Pall Mall entre los dedos, a escribir o tratar de escribir, en una noche negra, sentado en el malecón, como hoy.

Vengo a Chorrillos, como dije. Vengo para quedarme, lo repito. Vengo para que mi papá no llame a soledad, no hable con ella, no hable con él mismo, ante los ojos de la puta soledad que cuando te quiere joder, te jode y cuando te quiere cagar, es mejor que por cuenta tuya te vuelvas loco, pero un loco bueno. No más a las rutinas. No más a las comidas en un dos por tres. No más a las ocho horas frente al computador combatiendo el insomnio. No más a las cervezas con el puchito azul gritando yo soy ebrio, en el dormitorio, sin ningún amigo, o enemigo.

Ya estoy en Chorrillos, escribiendo mi primera crónica, sentado en el malecón, a las seis de la tarde, ante un paisaje maravilloso, con sólo un lapicero entre los dedos y alguna hoja manchada, rayada, que encontré por aquí: cielo anaranjado con pinceladas de amarillo no chillón, las nubes cansadas de andar, reposan encima del mar calmado, lleno de balsitas coloridas que se confunden detrás del muelle, solitario.

miércoles, agosto 31, 2011

EL BARRIO


Los Tulipanes.

Las tardes cuando salimos con una pelota y nos vamos a la cancha.

La tienda de todos, la que nos salva del hambre, Marcial.

Las chicas que se mudan a la vuelta y que están para darles vuelta.

Para no olvidarme, la bolsa de chizitos que Marcial tiene en su estante rojo desde hace treinta años, empolvada y con arañas.

Los chicos, con voz de mujer y escotes y pantalones apretaditos, que se juntan para tomar güisqui etiqueta roja ya no ya todas las noches en el 28.

Mis amigas que por feisbuc dicen que soy hermoso y escribo bonito, pero que en la vida real pasan por mi lado escondiendo la cara.

Los Sicarios. Los Fríos. Los lanzas. Las motos toneras con luces de neón que me vuelven loco con la misma canción, siempre.

Pedro Silva, la mía.

La caseta verde donde Julio entra todas las noches y nos cuida, fuma y cuida, fuma y duerme y ya no cuida.

Julio. Brocha. Viejo. Duque. Una cajetilla de veinte por dos lucas, por favor.

La Charapa que se muere por el chisme mañanero y el despertar que se siente cohibido.

La Charapa y la Abuelita de Piolín, el dúo magnífico, y Julio, que también pone la oreja algunas tardes frías, con un Elephant entre los dedos.

Los Martínez y su parque de juegos que parece casa familiar.

El Guagua. Pichi. Y esos proles que la sudan y que comen solos, viven rudos.

El Villalobos.

El Valle Azul, bueno, sólo una vez y ¿qué ves?, carajo, una chola tetona cagando, perdón.

El boulevard de ahora, sin nadie, que ya no debería llamarse boulevard, no parece un boulevard. El boulevard de antes, de viernes y sábado, gentes y gritos y putas y drogas y ¡putamadre, qué bulla!

Los muros libres y altos que no existen pero que viven en nuestros corazones, y que nacen al apretar un poco el aerosol.

El 513 y la pinta de Los Sicarios.

Pedro Miotta y el ron que me mató en un año nuevo que no recuerdo con exactitud en estos momentos, porque otro ron me está matando y uno de piernas también.

Los dos mercaditos que me hacen la vida más simple, caminas poco, gastas poco, y encuentras todo en un solo stand.

El paradero de las motos discotequeras.

La pista por donde camino con cuidado, para que ninguna discoteca rodante me cague la pata y otra extremidad más, porque ya me cagaron las orejas y la cabeza.

Las calles de la Zona B, todas, por donde alguna noche sociable, solitaria, pasé, algunas mañanas difíciles, con resaca, algunas tardes cuando el sol reinaba, cansando de jugar a la pelota, cuando pasé, de testigo ahí deben quedar las colillas de mis Pall Mall.

Paul. Guicho. El Negro. El Gordo que ahora es flaco, sí, vamos, palito, pero nunca tanto. Cubito, que crece a diario. Chucho, que la pega de malo con tremenda cara feíta, caquita. Diego y su Eclipse que sale quemando llantas y regresa en grúa. Vinchenzo o como se escriba, Lechuza, mejor. Cinco cinco. Topo y la competencia con Chucho por saber quién es el más pepa.

El árbol que me cobija, el que evita que la lluvia me desmaye cuando sentado trato de escribir unas líneas, acompañado de una chata de Cartavio, añejo, y unos fuegos en unos blancones, Malboro Gold, pues los Pall Mall quedan en mi corazón y me acompañan en las nostalgias que a veces me invaden cuando estoy en el barrio. 

lunes, junio 06, 2011

DESDE EL FLASH Y ESAS GUEVADAS



Tal como se preveía y más o menos, teniendo las últimas encuestas en la mano, se especulaba, Ollanta Humala con el 51% (del conteo rápido) es, a estas horas de la noche, el virtual Presidente de la República.
Domingo. Cinco de junio. Cuatro de la tarde. Me despierto de una larga siesta y el flash no me deja abrir bien los ojos, no me repongo del todo cuando en la televisión se anuncia: Ollanta Humala, puntea y es virtual presidente, con 51.5% y Keiko Fujimori, relegada en el segundo lugar con 49.5%. Cierro los ojos, los vuelvo abrir, igual, Ollanta presidente. Me enjugo la frente.
Voy a la cocina y tomo un vaso con agua. Siento que me refresco, pero el trago amargo sigue ahí. En realidad no es que me muera porque el líder nacionalista sea nuestro presidente, pienso que está bien y no sé por qué, sólo que como voluble que soy, cambio de parecer cada cinco minutos y ahora pienso que el presidente no será Ollantita sino Chávez y que seremos una próxima Venezuela y que retrocederemos y que ya nos fuimos al carajo. Lo único que pido es que sea verdad todo lo que ha dicho y ha propuesto Humala, nada más. Ruego y ruego, Papa Lindo.
Quise descansar un poco más, sólo me había despertado para ver el flash y la supuesta victoria de Keiko (pensando que sea como sea iba a ganar por lo que se rumoreaba, pero me equivoqué). Hice zapping rápidamente por todos los canales y todos, absolutamente todos, ya habían empezado con los debates, los economistas locos números, los personajes publicitarios, los congresistas electos de unos y de otros, todo el show ya se había iniciado y yo me moría de sueño.
Me volví a despertar a las seis de la tarde y gracias a Dios había recuperado el equilibrio emocional después de esa corta segunda siesta. Recibo una llamada, es mi compañero de grupo del instituto y me pregunta que si ya había terminado el trabajo, le digo que no, que necesito que pase un poco más de tiempo, que necesito ver lo que pasa en adelante y que después haré el trabajo; lo siento tranquilo, me dice que confía en mí y cuelga el teléfono.
La noche avanza. Los relojes marcan las ocho. Ollanta no aparece para hablar y dar las buenas nuevas a sus simpatizantes. Yo me desespero. Recibo una nueva llamada de mi compañero, le miento que ya he comenzado el trabajo, lo vuelvo a sentir tranquilo y cuelga.
Magdalena Chu, jefa de la ONPE, inicia su conferencia de prensa y expone que al 78%, Humala está con un 50% y Fujimori con un 49%. Sí, claro, la Chinita está muy cerca, puede dar la vuelta, pero aguanta tu coche, esas actas son las de Lima y las urbes principales solamente, falta el norte, el sur, el centro y ahí, Humala es el rey.
Son las nueve. Nueve y media. ¡Vamos! Las diez. Diez y media y nada, ¿dónde está el nuevo presidente? Once y media y recién se aparece en la conferencia de prensa en el Hotel Bolívar donde leyó una hojita agradeciendo a quienes votaron por él, estuvo pasivo, tranquilo, no se trabó, pero se perdió en algunas partes, respiró hondo y siguió leyendo a viva voz, fuerte. Próximo destino: Plaza Dos de Mayo, repleta de nacionalistas desde las cinco. A esperar más, un poquito más.
Once y cuarenta y cinco de la noche. Ya casi me voy a dormir, pero cuando bostezo y decido finalmente irme a dormir y apagar el televisor y no hacer nada y todo al carajo, ocurrió lo inesperado o ocurrió lo esperado desde hace cuatro o cinco o seis horas. No lo puedo creer. Creo que si yo gano algo y tengo que salir a hablar y agradecer a quienes me apoyaron, pues salgo rápido porque estoy emocionado y porque quiero agradecer a todos y a también a todos los que no votaron por mí, eso se llama brindar confianza, porque es así la emoción; pero ¿después de tres horas y media? Vamos, igual salió ¿no?
Humala sale a hablar y dice lo mismo del debate y concluye gritando ¡Viva el Perú! ¡Viva Gana Perú! No se habrá demorado más de veinte minutos y termina su intervención en la plaza Dos de Mayo, saludando a las cámaras y levantando las manos junto a su amada Nadine, que pareciera decirle: “Ya. Cholo. No hables tanto que la vas a cagar.”
Hoy terminó todo, por el momento. Humala es nuestro presidente, Heredia nuestra primera dama, habrá oposición, seguro (espero que no) mañana y pasado y demás días, habrán revoltosos en la calle, marchas, insultos por las redes sociales, políticos que no saben perder, brindando entrevistas y ‘arrodillándose’ en programas de televisión y radio. Espero que no. Espero que mañana sea otro día. Que mañana sea seis de junio y si alguien me pregunta que qué pasó ayer, yo, con la sinceridad debida, poder responder: “pues nada compadrito, se eligió al próximo presidente y listo; pero dime, ¿cómo está tu hermana?”

lunes, abril 18, 2011

LOS GOLPES DE HUMALA

UNO
El señor Alberto Fujimori dio un golpe de Estado en abril de 1992. Fue un grave error. Nada justifica atropellar el imperio de la ley. Sin embargo, la gran mayoría de los peruanos lo aplaudió entonces y lo reeligió años después. ¿Todos esos peruanos que celebraron el golpe del señor Fujimori y lo convalidaron votando por él en 1995 se habrán muerto ya? ¿Tanta gente se muere tan rápido?

DOS
Cuando el señor Fujimori dio el golpe de 1992, su hija Keiko tenía apenas 16 años. Era menor de edad. Estudiaba en el colegio Recoleta. No tiene sentido suponer que Keiko tramó el golpe o participó del golpe o animó a su padre a dar el golpe. Keiko era una adolescente que cumplía deberes escolares. Por lo tanto, es injusto y abusivo culparla del golpe de su padre. A los hijos menores de edad no se les culpa por los errores o los delitos de sus padres.

TRES
Cuando el señor Fujimori dio el golpe de 1992, el señor Ollanta Humala era oficial del Ejército peruano. Tenía 29 años, estaba a punto de cumplir 30 años. Era un soldado hacía ya 10 años desde 1982. Como todos saben, el señor Fujimori dio el golpe de Estado con el apoyo explícito del Ejército peruano. Para que no quedaran dudas, sacó los tanques a la calle y los jefes militares apoyaron públicamente el golpe. El Ejército fue, pues, cómplice del golpe, aliado del golpe, pieza clave del golpe. Sin el apoyo del Ejército, el golpe no hubiera sido posible. El señor Ollanta Humala no era menor de edad cuando el señor Fujimori dio el golpe. El señor Ollanta Humala estaba a dos meses de cumplir 30 años cuando el señor Fujimori dio el golpe. El señor Humala pudo renunciar al Ejército en protesta por el golpe. El señor Ollanta Humala debió renunciar al Ejército en protesta por el golpe. No lo hizo. El señor Humala siguió sirviendo leal y diligentemente al Ejército golpista de Fujimori durante ocho largos años más. En todo ese tiempo, el señor Humala, miembro activo del Ejército golpista al servicio de Fujimori, fue por consiguiente un aliado tácito del Jefe Supremo de su Ejército golpista. Si el señor Ollanta Humala fuese un demócrata, hubiese renunciado al Ejército cuando Fujimori dio el golpe del 92. No lo hizo. De modo que, como todos los militares que formaron parte del Ejército golpista a la órdenes de Fujimori y Montesinos, el señor Ollanta Humala también es responsable por apoyar con su silencio cómplice ese golpe de Estado.

CUATRO
Cuando el señor Fujimori dio el golpe de 1992, yo tenía 27 años, vivía en Lima y presentaba un programa en Canal 5. Al día siguiente renuncié y me fui del Perú. Si yo pude renunciar a la televisión para no apoyar el golpe, el señor Humala también pudo renunciar al Ejército para no apoyar el golpe. El señor Humala no renunció ese año, ni el siguiente, ni el subsiguiente. Bien callado y contento se quedó sirviendo al Ejército golpista. Durante ocho años fue un peón del ajedrez de Fujimori y Montesinos. No tuvo el coraje ni la decencia de renunciar a un Ejército que todos sabían acanallado y envilecido y que era el sostén de la dictadura.

CINCO
Si el señor Humala fue cómplice del golpe del señor Fujimori en 1992 (el que calla, otorga), a finales de octubre del 2000, coludido con su hermano Antauro, lideró una rebelión militar el mismo día que huyó del Perú el bribón de Montesinos. Ocho años y medio necesitó el señor Humala para darse cuenta de que el Ejército abusivo al que servía con entusiasmo era, en la práctica, el partido político sin escrúpulos del señor Fujimori. Cuando por fin advirtió algo tan evidente, no renunció a dicho Ejército en forma pacífica. Lo que los hermanos Ollanta y Antauro Humala hicieron a finales de octubre del 2000 fue dar un golpe militar. Lo que pretendían era capturar el poder. No lo consiguieron. Fue un golpe torpe, fallido. Pero fue un golpe militar a una dictadura que se desplomaba. Por consiguiente, es rigurosamente cierto que el señor Ollanta Humala, junto con su hermano Antauro, se alzó en armas para tomar el poder de un modo violento los últimos meses del 2000. Si los hermanos Humala hubiesen tenido éxito en dicha sublevación golpista, ¿habría democracia ahora en el Perú? Yo creo que no.

SEIS
No fue aquella la única vez que los hermanos Ollanta y Antauro Humala dieron un golpe militar fallido para capturar el poder. Lo intentaron de nuevo años después. El 1 de enero del 2005, el señor Ollanta Humala, desde Seúl, fue el autor intelectual del golpe militar frustrado que su hermano Antauro, siguiendo sus órdenes, perpetró en el Perú. Dicho golpe había sido anunciado una y otra vez en el panfleto “Ollanta” que se repartía gratuitamente en el Perú. En ese pasquín, que llevaba el nombre de Ollanta Humala, se pedía el derrocamiento del gobierno del señor Toledo y el fusilamiento del presidente Toledo y de varios de sus ministros, entre ellos el señor Kuczynski. El señor Ollanta Humala era agregado militar del presidente Toledo en Seúl. El señor Ollanta Humala no podía ignorar que en el Perú su hermano Antauro repartía, mes a mes, miles de ejemplares de un libelo venenoso precisamente llamado “Ollanta” (no muchos peruanos se llaman Ollanta) que exigía el golpe sangriento contra el gobierno legítimo del señor Toledo y reclamaba “ajusticiar” (léase asesinar) a varios miembros de ese gobierno democrático. Si el señor Ollanta Humala permitió que durante meses su hermano Antauro distribuyese aquel periódico inmundo que llevaba el nombre de “Ollanta” y que pedía el golpe contra el presidente Toledo, es porque el señor Ollanta Humala estaba de acuerdo con las barbaridades antidemocráticas que dicho periódico publicaba. Pero, además, para confirmar que el golpe militar fallido del 1 de enero de 2005 fue una decisión tomada conjuntamente por los hermanos Ollanta y Antauro Humala, es preciso recordar que ese mismo día pasaba el retiro como militar el señor Ollanta Humala. Por si eso fuera poco, luego de que Antauro Humala capturase una comisaría de Andahuaylas, matando a cuatro policías y dando vivas desaforadas a su hermano Ollanta como próximo presidente del Perú, el propio señor Ollanta Humala declaró desde Seúl a Radioprogramas del Perú que apoyaba la rebelión de su hermano Antauro. Allí están como pruebas irrefutables las grabaciones en las que, a viva voz, desde Seúl, el señor Ollanta Humala aplaude con entusiasmo el golpe militar de su hermano Antauro. Ambos pensaban (deliraban) que capturarían el poder de un zarpazo, no importaba si matando policías inocentes. Como a finales del 2000, en enero de 2005 ambos pensaban (deliraban) que llegarían al gobierno a balazos. Si el señor Antauro Humala hubiese tenido éxito en su golpe militar de enero de 2005, ¿no es razonable suponer que enseguida habría llegado como un héroe al Perú su apandillado hermano Ollanta y que a continuación hubieran implantado una dictadura? Si ambos hubiesen tomado violentamente el poder en enero del 2005, ¿habría democracia ahora en el Perú? Yo creo que no.

SIETE
La señora Keiko Fujimori no ha tramado nunca un golpe militar. Su padre dio un golpe de Estado cuando ella tenía 16 años. La señora Keiko era menor de edad y, por tanto, no es responsable de los desmanes autoritarios en que incurrió su padre. Pero el señor Ollanta Humala fue cómplice de ese golpe porque no renunció (estando a punto de cumplir 30 años) al Ejército golpista de Fujimori y Montesinos, a quienes continuó sirviendo durante ocho años. Años más tarde, el 2000 y el 2005, el señor Ollanta Humala y su hermano Antauro trataron de tomar el poder violentamente en el Perú. Dieron dos golpes militares. Ambos golpes resultaron fallidos. Es decir que, además de golpistas, los hermanos Humala son un par de inútiles como golpistas. Si hemos de comparar las credenciales democráticas de la señora Fujimori y del señor Humala, la señora Fujimori no ha dado nunca un golpe militar y el señor Humala ha perpetrado dos golpes militares fallidos en el Perú.

OCHO
Los venezolanos que votaron por el señor Hugo Chávez en 1998 lo hicieron a sabiendas de que había encabezado un golpe militar contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Chávez era un golpista probado. Sin embargo, lo eligieron presidente y, por supuesto, no tardó en destruir la democracia venezolana. Los peruanos que voten el próximo 5 de junio por el señor Ollanta Humala estarán votando por un golpista probado no una sino dos veces. Como Chávez, si Humala llega al gobierno, no tardará en socavar la democracia peruana (convocará a una Asamblea Constituyente y terminará cerrando el Congreso, tal como hizo el presidente Correa en Ecuador) y en implantar un gobierno autoritario basado en el poder militar.

NUEVE
Votar por la señora Fujimori es votar por la preservación de la democracia peruana y por un modelo exitoso de crecimiento económico. Votar por el señor Humala es votar por un golpista probado que dinamitará la democracia y el crecimiento económico. Los verdaderos demócratas no votan por golpistas probados. El señor Ollanta Humala es un golpista probado. Por el bien del Perú, es hora de votar por la señora Keiko Fujimori.

DIEZ
No pocos temen que si la señora Fujimori gana, su padre saldrá en libertad. Del mismo modo, no pocos temen que si el señor Humala gana, su hermano Antauro, asesino convicto de policías, saldrá de la cárcel. Puestos a elegir el menor de los males, creo que el señor Fujimori en libertad será menos peligroso para el Perú que el golpista confeso y asesino de policías inocentes, Antauro Humala.



*Jaime Bayly.
18 de abril. Columna publicada, en Peru.21