miércoles, febrero 27, 2013

QUE SI, QUE NO ó (Revocatoria a la vista, baby)

“Vota a aquel que prometa menos. Será el que menos te decepcione.”

(1870-1965)
Financiero y asesor presidencial estadounidense.

Acá en la capital peruana estamos viviendo la fiebre por la revocatoria y el sí y el no y todas esas vainas de la política cochina. Que dale por el SI, que Susana es la Lady Vaga, que no hace nada, que sólo habla mal de Castañeda, que se joda, que se largue. Que dale por el NO, que Lima no puede parar, que hay muchos proyectos que tienen que seguir su rumbo, que las cosas van bien, que si no habla no es que no esté haciendo nada, que no roba.

Susana María del Carmen Villarán de la Puente es la alcaldesa de Lima. Tiene 63 años. Y es la primera mujer que ha sido elegida alcaldesa de Lima Metropolitana, por medio de elecciones. Tiene algo que ver con Kouri, Flores, Toledo y García, y también con el presidente Humala. Ah, y cómo no con Castañeda, su antecesor en el sillón municipal. Es izquierdista, activista y defensora con uñas y dientes de los Derechos Humanos. (Acepto que todo esto lo saqué de Google. Yo hubiera puesto lo siguiente. “Nombre: Susanita Villarán. Alias: Lady Vaga. Ola Ke Ase: No sé. No habla. No opina. No hace ni mierda.” Rápido y simple, y entendible).

He conversado con varias personas metidas en política y esos rollos, y que tienen relaciones amicales y de labores con Villarán. Y digo, de verdad, que no me han convencido. Me han parloteado y sacado al fresco cifras, juntando números al azar y yo sólo asentía, mostraba mi rostro sorprendido y continuaba  la charla con alguna pregunta interesante. Pero, en realidad, carcajeaba por dentro. Eran tan exactos para mentir. Tan creíbles. Eran tan estúpidas sus excusas para ayudar a alguien que sólo entró al poder para fiscalizar a un tipejo que robó, trabajó y tampoco no habló. Por eso, no defiendo a nadie. Ni a Castañeda. Ni a Villarán. Ni a los que vendrán, seguramente. Lima merece un cambio drástico. Una bomba, quizás. Y debo reconocer, que aún creo en Lourdes Flores Nano para este cargo. La eterna candidata.

Decía que he hablado con varias personas allegadas a la doña y me han dado unas extensas ponencias de porqué votar por el NO a la Revocatoria. Muchos, la llamaban: NO a la Rovocatoria. Y me río, me río, me río, me ríoooooo… como la canción del Puma. Y seguro ellos pensarán ahora, leyendo esta columna: En mi propia cara, ante mis propios ojos, con un amigo del alma, se ve que no te importo, nada… Te has burlado de mí… Y me sigo riendo. Perdónenme todos, señoras y señores.

Le he mentido a toda esa gente. A todos aquellos que me hablaron bonito de Villarán. A aquellos que pensando que diciéndome cifras y comparando los años de poder con otros gobernantes, iba a cambiar mi opinión. Les metí. Actué perfectamente, ahora me doy cuenta. Me creyeron hasta los gestos. Me dijeron que era inteligentísimo y me invitaron a cenar a sus casas, y allí seguimos hablando de la corrupta política peruana y un poco de literatura como para sentirme local.

lunes, febrero 25, 2013

EL JUEGO TERMINÓ

Pues, creo, no habrá otra ocasión,
para decirte que no me arrepiento,
de haberte entregado el corazón...

Camila

El juego se terminó en una noche calurosa de febrero. El juego, acabó entre guiños y molestias de todas las partes. Te fuiste, apenas acabó el jugueteo, sin mirar. Tu pelo se alocaba con el viento que entraba por la ventana abierta de par en par. Tu pelo revoloteaba por tu cuello y parecía que quería quedarse pero tú mandabas otra cosa, y entonces los largos cabellos negros obedecieron y siguieron su rumbo sosteniéndose en el ventarrón fresco que se metía sin permiso a la casa, donde estábamos reunidos, fingiendo tranquilidad.

Y fue que el juego culminó mientras abrías la puerta con furia. Sin mirar atrás, sin retroceder un paso, sin dudar, sin hablar. No hiciste nada. Abriste la puerta y en menos de un segundo fugaste como el ladrón que ya tiene el motín y no le interesa más, sólo correr derechito como caballo de carreras, con la adrenalina en la garganta seca por los nervios. Porque así caminaste, rápido, fluido, rapidito. No hiciste una parada. No te cansaste o no querías cansarte. No dudaste.

Te veía, impaciente. Trataba de hablar, pero callaba si alguna palabra lograba ser susurrada por mi boca que no podía mantener cerrada. Pensaba qué decir, y te miraba con ojos tiernos para que no te vayas nunca, pero fue en vano. Te fuiste. Y yo contemplaba tu huida feroz. Me dolió. Fue un puñal. Un puñete directo a la boca del estómago. Me dejó frío. Sin habla. Sin aire. Hincado, y sin nada, porque contigo se fue todo lo poco que podía tener. Y emprendiste el vuelo, para quizás no volver más. Sin despedirte, abriste las alas y planeaste, cuculí. Sin hacerme adiós con la mano. Sin mirarme. Sin, quizás, ni siquiera pensarme.

Y así, el juego culminó con tu salida sin chistar. Y las palabras que se quedaron en mi boca con ganas de salir. Aún están. Y no son las que te estoy escribiendo en esta llorona y cursi carta. Y esas ganas locas de enrollar tus lacios cabellos en mi pecho endeble para olvidar el mal momento y jugar de nuevo, también lo tengo aquí, amarrado entre el corazón y la garganta seca, sin saliva, sin un poquitito de amor.

domingo, febrero 17, 2013

LA COSA ES QUERER

La cosa es querer mucho, querer con ganas, con ganas locas, pero sin llegar a la locura. Aunque a veces querer con locura es bacán, cool, recontra chévere, pero no es algo que me quite el sueño. La cosa es también que te quieran, y que lo sepas. La cosa no es escribir que te quieren. La cosa es que te quieran. Simplemente que te quieran más, mucho, poco, pero que te quieran. Y cuando lo escribes es porque la cosa es que no te están queriendo. O sí. Pero poco, muy poco, poco y nada. Pero a veces, también, la cosa no es hacerse preguntas. Que si te quieren. Pues no lo sabes y listo. Más bacán. A lo secreto. Más cool. Sólo querer sin saber si te quieren o no. Tú quiere. No conjugues más. El verlo querer déjalo tranquilo. Hazlo tú, y no esperes. Ejecuta, jugador.

La cosa no es hacerse el dolido. La cosa es llorar por dentro si algo sientes y reír para seguir queriendo. La cosa es reír. Y llorar, pero sin que te vean. No seas huevón. La cosa no es que te vean. Es que te conozcan. La cosa es que si te conocen, no actúes. La cosa es que quieras naturalmente. No mientas. La cosa es que si te conocen y actúas, eres un completo y triste huevón. Y ella lo sabe.

La cosa es querer. Que no te importe lo demás. Si algo dicen, si murmuran, si callan, si ríen. Que te resbale. Eso, no interesa. La cosa que sí interesa es que quieras de verdad. Que si te gusta, quieras. Que si quieres, no mientas. Que si piensas en mentir, entonces eres un huevón más. La cosa no es ser huevón. La cosa es que piensen que eres huevón, estúpido, mediocre, saco largo, porque, simplemente, quieres con ganas, con ganas locas, con furia contenida, con la pasión que te sale por los poros. La cosa es amar desenfrenadamente. La cosa es gritar para que todo el mundo lo sepa. Es gritar y cagarse de la risa. La cosa, claro está, es gritar por amor, jubilosos, inflando el pecho, parándonos en firmes, mi soldado.

La cosa es decirle te amo, diariamente, a la chica que amas. Si la amas. La cosa es decirle perdóname, mi vida, cuando sientas que de verdad hace falta unas disculpas para seguir amando. Porque no se deja de amar así porque sí, de la noche a la mañana, porque me picó un mosquito, o porque pasó la más rica del barrio. Amor es una cosa loca. Amar, es una cosa loquísima, una cosa que te saca del cuadro, que te hace pensar en segundos y sonreír al despertar. La cosa es esa, amar sin pausas, en cada momento, en cada instante. Claro, la cosa es el instante.

La cosa es escribir cuando quieres. Si un escritor se enamora, la persona a la que le escribe no muere jamás. La cosa es no pensar en morir. La cosa es vivir. Y soñar. La cosa es amar. Y seguir soñando. La cosa es seguir escribiendo. La cosa, entonces, es querer escribir cuando se quiere, porque si se quiere tanto como se escribe… La cosa, es querer. Ya está. Sin pensar. Sin preguntar. Sin ciencias. Sin doctores. Querer y punto. La cosa es decir te quiero sin miedos. La cosa es, querer y escribir porque se quiere. Porque se ama. Porque se sueña. Esa es la cosa, al fin y al cabo, sin ton ni son, sin  blanco ni negro. La cosa es la cosa. Simple y llanamente.

jueves, enero 31, 2013

¿RECUERDAS?

¿Recuerdas cuando te llamaba y te decía para vernos, aunque sea un ratito, a las doce y media de la noche? ¿Recuerdas cuando te decía te quiero, mil veces, y te mordía la oreja y te susurraba en el cuello? ¿Recuerdas cuando entrelazábamos los dedos cuando te abrazaba y te decía que tenía frío y metía mis flacuchentas manos en el bolsillo de tu chompa? ¿Recuerdas cuando me mordías el cuello? ¿Y, cuando me decías con voz de niña engreída: te quiero, mil veces, gordo, te quiero?

¿Recuerdas mis berrinches cuando chateábamos? ¿Recuerdas tu cara de molesta cuando te bromeaba con cuanta mujer pasaba por la acera? ¿Y cuando la miraba? Me miraban… yo no miraba a nadie, sólo a ti. ¿Y, recuerdas, cuando te miraba, y te decía: por ti estoy feliz, soy feliz? ¿Recuerdas cuando te decía que contigo era feliz y me hacías la vida contenta? ¿Y los días y las noches, y el cielo y el mar no eran nada sino estabas tú? ¿Recuerdas cuando te llamé, cierta noche, cuando caminaba por el Malecón para pensar las cosas? ¿Tú has pensando bien las cosas? ¿Sigo teniendo la culpa? ¿Sigo pensando y no hago nada?

¿Recuerdas que te dije que no teníamos fotos juntos? ¿Recuerdas la foto en Miraflores, después de la salida en grupo? ¿Y Joan: Ven, mierda… hablen, ya, carajo…? ¿Se notaba mi felicidad? ¿Mi nerviosismo? ¿Te abracé fuerte? ¿Te estrujé el corazón?

¿Recuerdas cuando se me hacía difícil decirte que quería que seas mi novia? ¿Cuánto me demoré? ¿Poco? ¿Mucho? ¿Recuerdas la esquina donde esperábamos el carro que me llevaba a mi casa? ¿Nidito de amor? ¿Me voy ahí… No, no, en el otro… y así una hora esperando el carrito de rayas celestes y blancas? ¿Recuerdas los golpes en la frente, y los insultos de cariño? Te digo imbécil de cariño, gorrrrdito ¿ya? ¿Recuerdas a los noctámbulos? ¿A los que esperaban el carro con nosotros? ¿Y los que tenían la pinta de no esperar el carro sino cualquier estúpido que tenga una buena prenda o reloj o billetera gruesa? ¿Recuerdas mi cara de pelinco? ¿Y tu cara de miedosa? ¿Y mis palabras? ¿Y mis abrazos en plena noche calurosa? ¿Tus miradas?… aún las siento en las noches que camino solo, fumando el cigarrillo que nunca se termina…

¿Recuerdas cuando caminábamos lento? ¿Cuando te dije vamos para la Brasil, y nos estábamos yendo para la Católica? ¿Recuerdas mi cara de vergüenza? ¿Y de enamorado? ¿Recuerdas mi cara de templado? ¿Recuerdas cuando hablé con tu papá? ¿Y tú mamá: mírala a los ojos…? ¿Recuerdas la película que veía tu papá y me dijo para verla juntos? ¿En blanco y negro, en su habitación, en silencio? ¿Muy divertida? ¿Por eso nos fuimos a jugar ludo?

¿Recuerdas mis ojos cuando te veían? ¿Y mi corazón palpitando? ¿Recuerdas mis besos alocados? Pues, déjame decirte, que yo los recuerdo y los extraño.


¿Recuerdas cuando caminábamos de la mano? ¿Cuando te agarraba más fuerte? ¿Cuando no te soltaba, para nada? ¿Recuerdas cuando te besaba la mano, el brazo y el hombro? ¿Recuerdas cuando me mordías el hombro, y el omóplato? ¿Recuerdas los besos prohibidos en el ascensor? ¿Los besos robados…? ¿Recuerdas cuando nos quedamos dormidos en el sofá de tu casa, cuando Perú perdió en el Sudamericano Sub20? Me intereso más contemplar tu cara que el partido… Que el equipo local… ¿Si me hacías feliz? ¿Si fui feliz? Sí… fui feliz… y ahora también estoy feliz porque te escribo… Y ahora también soy feliz porque me he sentado a escribirte seiscientas palabras sólo para volver a sentir lo que sentía al estar contigo, caminar contigo, reír contigo, ser feliz… contigo.

jueves, enero 24, 2013

ESOS OJOS AZULES

A doña Flor.

Recuerdo sus ojos azules llorando, al ver a la Tata en ese cajón elegantísimo, con flores de todos los colores y aromas a su costado. Recuerdo las palabras de aliento que me daba, sus abrazos que lo sentía como los de mi Tata cuando me decía que todo iba a estar bien. Recuerdo, su pelo blanco, su voz cariñosa y dulce. Recuerdo, su perfume, su caminar pausado, sus miradas coquetonas. Recuerdo sus llamadas por la tarde para que suba al instante: no le hacía esperar y en la puerta a medio abrir estaba ella, sosteniendo un plato de seco o ensalada, para que comas rico, me decía y yo, agradeciendo y no sabiendo qué más decir, bajaba contento con el plato en las manos, mirando para arriba, sonriendo por la buena salud que mostraba doña Flor.

Recuerdo, sus chancletas marrones. Y su casa, que también es mi casa, oliendo a flores e incienso, con las ventanas abiertas, con el aire paseando. Recuerdo sus llamadas de teléfono cuando alguno de mis amigos venía y no tocaba el intercomunicador: creo que alguien te está buscando, me decía y colgaba enseguida. La recuerdo contenta, sosteniendo la copa de champán en año nuevo, diciéndole a mi tía que se quede para cenar juntos. Y es que subimos un rato porque papá tenía que madrugar para ir a trabajar, mi tía estaba resfriada y yo, ir al cine donde me pagan por no hacer nada.

Pero ya no escucho su risa contagiosa cuando me pego a la ventana que da a la calle. Recuerdo cuando se sentaba a esperar a su nieto, y miraba a la puerta del edificio, anhelando su llegada. Recuerdo, cuando yo llegaba antes y cerraba las cortinas: sonreíamos juntos. Recuerdo, cuando la miraba y cuando se reía. Recuerdo su paciencia y preocupación por personas que no eran su familia. Recuerdo sus uñas largas, pintadas; sus labios con un rojo sobrio y las chapas bien coloradas para salir unos minutos a comprar el pan.  
Y un lunes cualquiera, Lima anochecía con la panza de burro acostumbrada. Y fue la panza de burro que se convirtió en una caída de estrellas que detenían su viajar en el piso cochino y lleno de caca. Un lunes que atardeció rápidamente y una noticia inesperada llegó al contestar la llamada diaria de mi padre. No te creo, le dije, sudando frío. Y agarré fuerte el teléfono porque lo sentí caer por mi cachete helado. No sabía qué hacer, qué decir, qué insinuar, qué… Ya no estaba la doña que cuando mi abuelita se fue tranquilita, me llamaba para darme medio kilo de papa canchán o un plato bien taipá de tallarines verdes con churrasco. Porque cuando la Tata se fue, en doña Flor  refugié mis alegrías y conversaciones íntimas, conversaciones que ahora revelará a su amiga de siempre, cuando las dos me miren y se rían como siempre se reían al verme hacer payasada y media.  


Y ya no está. Y la extraño como extraño a la Tata que se fue de estos caminos llenos de mierda hace como un año y medio, si no me equivoco. Ya no está, y ahora juntas revolotean y ponen de vuelta y media el cielo infinito del que tanto hablaban todas las tardes-noches cuando salían a regar el jardincito que hoy está más florido que nunca. 

lunes, diciembre 24, 2012

FALTA MUY POCO


Silent Night,
night of love ...
everyone sleeps around ...

Falta muy poco para que los cohetones exploten en el cielo negro y cochino. Muy poco, para que los niños griten por romper sus regalos y los perros chillen en la azotea de la casa. Para que las abuelitas contemplen a su nieto recién nacido y le agradezcan al señor que acaba de nacer (mientras lo acomodan en el pesebre nuevo). Y para que los padres, llenos de gozo, inflando el pecho, le digan al hijo mayor, esto es por hacer bien las cosas, y le entregan la ansiada Mac.

Falta muy poco, casi nada, para que la mamá, ayudada por los tíos que acaban de llegar del extranjero, diga que ya se pueden sentar a la mesa, que el pavo está que espera, que todo está lindo para esperar la llegada del Niño Manuelito. Muy poco para que toda la familia, se reúna y rece frente a Jesucito. En un ambiente denso, con el estallar de las Mama Ratas y Huanuqueños que hacen saltar del susto a cualquier errante. Y los más perjudicados, los que ladran y maúllan.

Falta muy poco, poquísimo, para que los chibolos rompan los papeles que cubren los regalos y sepan qué les dejó Papá Noel. Una pelota, un carrito, un polo, un scooter, unos patines. Una Barbie, un set de manicure, una casita con Ken adentro, una bebe tamaño original que caga y mea y chilla y ropita para cambiarla. Muy poco, para que los chibolos salgan a la calle y jueguen con los obsequios de sus amiguitos del barrio y compartir porque Navidad es compartir y amor.

Falta muy poco, nada, para que todos se abracen, mientras contemplan por la ventana el juego de luces multicolores y se tapan los oídos evitando el fuerte reventar de los cohetes que nunca paran. Quieren involucrarse en el jolgorio popular. Esa fiesta de gentes y costumbres que ahora extraño porque vivo en un departamento que pertenece a un edificio de viejos que solo saben saludarse, tomar chocolate caliente y dormir encapuchados. No, ruidos molestos. No, cohetecillos. No, lucecitas de bengala. No, alegría. Bah. Never, papacito.


Falta muy poco y nada para que el niño Jesús nazca. Para que la nieve nunca caiga. Para que el trineo no ande más. Para que los regalos sean juguetes rotos. Para que la familia se vuelva a distanciar. Para que la fiesta termine. Para que la vida continúe. 

lunes, diciembre 17, 2012

TU CONCIENCIA

Te he dicho que te cambies de calzoncillo a diario, no uses uno un par de días (porque si te olvidas y no te bañas, tres o cuatro días). No seas cochino. Te he dicho que te bañes un día sí un día no. Que no te laves el pelo todos los días que entres a la ducha, porque se te cagará y te quedarás pelado como tu padre. Te he advertido que laves tus medias todos los días, déjalas remojando toda la noche y en la mañana las refriegas y las tiendes. Te he dicho que uses talco. Que uses agua refrescante. Que te seques el pelo con secadora, y no con toalla, tu pelo es lindo, claro, que no se queme, no seas huevón. 

Te he repetido, un millón de veces, que no juegues con las mujeres, que tienes una hermana y que no te va a gustar que le hagan lo mismo. Te he dicho, que enamorarse es lindo, que si te gustaría estar solo como tu padre, solísimo y cachándote cuanta puta se te atraviese, entonces sigue jugando con las buenas mujeres que se posan ante ti. ¡Entiende! No las ilusiones. No les digas te quiero. Tampoco, te amo, te extraño. Menos, le escribas huevadita y media y lo publiques en esa vaina, bloc, log, blon, esa cojudez.

Te he dicho, hasta el cansancio, que quieras a tus padres. Que, de vez en cuando, les dejes un chocolate o un caramelito de limón. Es el gesto. También, te he dicho que seas considerado con tus abuelos. Cuando vas a visitarlos, a regañadientes, ellos te saludan con un beso y apapacho. Y tú, a las justas, los miras a la cara. Si te preguntan algo, respondes de mala gana. Si te quieren hacer cariño, te apartas. Ellos se dan cuenta, y no te lo dicen, lo dejan pasar, algo debe tener el muchacho, cuchichean. No seas huevón… quiere a tus abuelos, abrázalos con ternura, dale un beso en la frente a cada uno, carcajea con ellos. Te he dicho que confíes en tu familia. Te he dicho, que nunca te olvides de los tuyos. Que tu familia, al fin y al cabo, siempre estará contigo, en las buenas y malas.

Te he repetido, miles de veces, que dejes de extrañarla. Que ya no estará. Que ya no volverá. Que ya no quiere ni mierda contigo. Te he dicho, claro, que ya no te quiere. Que te hagas de la idea que se murió y que nunca más la verás. Te he dicho, también, que olvides los momentos bonitos que pasaron. Que no te hace recordarla. Que te vuelves un estúpido y empiezas a escribir sin razón alguna, cartas, poemas, que no publicas y los quemas en medianoche, cantando Decir adiós. ¡No jodas, pues!… Te he dicho, que ya no jorobes la pita con la misma cantaleta de que el amor de tu vida huyó y te destrozó el bobo. Ya, no hinches las pelotas, desahuévate y anda.  

Te he dicho, para ir terminando, que camines con cuidado. Que mires antes de cruzar la pista. Que estés alerta, atento, siempre mirando a todos lados. Que contemples el semáforo. La calle está peligrosa, y de noche, peor. Y a ti te gusta ir de acá para allá de noche, cuando los grillos comienzan con las sinfonías. Te he dicho que camines erguido, frente en alto, cabello peinado. Como te ven, te tratan. Sonríe, saluda, agradece. Entiende, mierda, como te ven te tratan. O te escupen, o te hablan. O te ordenan, o te hablan. Como te ven… Bueno, tú ya sabes.

Te he dicho, que no escribas cuando hayas fumado hierba. No te conviene. La hierba siempre te juega mal. Es que no escribes mal. Y eso es lo que pasa. Te he dicho, amigo mío, que no te emborraches. Que no le digas a tu amigo, ven a mi casa… no hay nadie. Que no le digas a tu novia, sorry, gorda, tengo problemas. Por eso, no tomes. Y menos, solo. Y cuando tomes no escribas. Y menos, solísimo.


Para terminar, te he repetido, hasta morir, que cuando yo hablo, tú chitón nomás. Escuchas, piensas y actúas. No reclames. Estoy dentro de ti. Sabes quién soy. Pero no me conoces. 

lunes, diciembre 10, 2012

PUTA TRISTE DE MI VIDA



La chica cuida su esquina enseñando los dientes. Y también, las tetas. Se acomoda siempre su pelo largo y rubio sobre el hombro derecho. Se peina cada tanto, y juega con los rulos que se le forman. Se recuesta en un poste lleno de afiches de perros perdidos y mensajes llenos de esperanza. Descansa su espalda desnuda, tratando de no ensuciarse. Busca algo en su cartera… un cigarro. Lo enciende, mientras tararea una canción de Calamaro y respira, para comenzar la faena.

Hace frío, y está lejos de casa. Y es que la calle es su lugar, ella sabe bien. Y contenta, risueña, mira cada auto que pasa por la Arequipa, despacio, viendo el material… Le piropean, ella sonríe, se toca; ellos le dicen algo, carcajean, siempre van en grupo, ella siempre está sola, solísima. Y muestra una sonrisa pendeja, coquetona. Se arregla la falda, se la sube un poco. Se junta las tetas. Se pinta la boca con carmín. Se mira en un espejo que siempre lleva, rajado por la mitad, en su cartera con hartos compartimentos. Sonríe, guarda el espejo y enciende su segundo cigarrillo.

Pasa un Mazda negro, con lunas polarizadas, y se para frente de la muchacha que no se da cuenta que el auto se ha estacionado a pocos pasos suyos. Ella, habla por teléfono, mirando a la nada, y fuma impulsivamente. Alguien baja la luna del auto y comienza a silbar. La chica sigue hablando, pareciera que atendiera a un cliente porque le habla sensual y con un tono bajo –como hablan esas putas de mierda a las que llamas cuando no tienes nada qué hacer y quieres dártela de pendejo con tus manchita, pe’ causa–. Más silbidos… la chica voltea y mira el auto estacionado, la luna baja, alguien dentro. Trata de reconocerlo pero está muy lejos y no ve nada, sólo una silueta que no distingue bien. Se acerca lentamente, mientras los silbidos cesan. Hay murmullos, susurros. Hace frío, mucho frío.

Es la una de la madrugada y la calle se va pintando con la Navidad. Las amas de casa hacen su mayor esfuerzo para decorar las fachadas con lucecitas de melodías chillonas y papanoeles que trepan para el techo y bajan por la chimenea. Y ahí, ahí, está la muchacha que conversa con su cliente de la noche… primero, único, sólo ella lo sabe. Sonríe mientras conversa. Mete casi medio cuerpo al auto, le toca los timbales al que esté dentro… juguetea, nada más. Cuando ya todo está consumado y han pactado todo lo concerniente… Ella, mira a todos lados, se acomoda el pelo e ingresa al auto, al lado del conductor.

Se va, se va, la chica de pelos rubios y mirada triste. Se va, y se esfuma el amor en sus tacones y ese perfume riquísimo de chocolate que con tan sólo sentirlo la imaginas entre sábanas blancas de un hotel de Barranco. Se va, la muchacha que fuma como condenada... Y se esfuma de mi vista esa puta que me enamora cuando camino por la Arequipa, todas las noches de diciembre, llorando mis putas penas.