viernes, julio 08, 2011

TE QUIERO


A, Thalia Tenorio, 
la mujer con quien camino mis días.

Un te quiero recorre todo mi cuerpo, no puede salir, quiere pero no puede, no hay ninguna dificultad física, simplemente no puede. Un te quiero se hace el loco dentro mío y no quiere salir, no, no quiere, se hace el que no sabe, no conoce, no siente, y después en la noche fría, como la de hoy, me caga la cabeza y me hace pensar en ella, en esa chica que si mi te quiero escuchara, me haría feliz o me vapulearía con su indiferencia llamando nuevamente a la tristeza (y por ende, a la soledad), compañeras que ya había pensado decirles: “chicas, perdón, pero quiero ser feliz” y ya no contar más con su compañía.

Esto es para ti, perdón si te enamoro: Me gusta tu caminar. Me gustan tus ojos. Me gusta tu mirar.  Es que tu carita llena de ilusiones y sueños me tiene loco, me ha vuelto loco, me enloquece la vida cuando en las mañanas te encuentro, por ahí, pensando, sola.

¿Leerás esta cursi crónica? De repente sí, de repente no, de repente alguien te cuenta que he escrito algo estúpido, una indirecta recontra directa y que es para ti, quizás, ojalá sea así, aunque no creo, no soy tan leído, mi amada.

Y vamos de nuevo con ese te quiero loco, inquieto, con ganas de conquistar, con la ilusión de ser aceptado y escuchado, como un susurro, en el oído tuyo. Y vamos de nuevo con ese te quiero que quiere que sólo lo escuches, nada más, si surge algo, bueno sea, pero él es sincero, ese te quiero habla con la verdad, ese te quiero es la verdad, mi verdad.

Y ahora me echo a la cama a pensar, escuchando Camila, y viendo el humo del cigarro que fumaba, volar y sostenerse por los aires como diciéndome, vamos, haz algo, dile todo, grita ese te quiero, maricón, y yo siento eso, pero no puedo, siento que no debería hacerlo.

Cuando mañana te vea, como todos los días, no te diré nada, sólo te contemplaré, así te diré cuánto me gustas, te contemplaré muchas horas, como hoy, en la mañana, y no te darás cuenta, como hoy, ¿me viste? no te creo, espero te des cuenta, algún día, hermosa. Quizás, quién sabe (solo el falco de arribita), ese te quiero se escuche mañana, es que no puedo más, no sé, estoy loco, por ti, claro está. Quizás, mi amor, ese te quiero, si lo escuchas, hará que tus ojos se dirijan donde estoy yo, pero yo, hablando en serio y enamorado, quiero estar dentro de tu corazón. Nada más. Eso te quería decir y, claro, ese te quiero, siempre.

jueves, junio 30, 2011

EL JUEGUITO DEL AMOR



Algunas veces pienso que nunca podré ser estable en algo. Cuando estoy con una chica, no sé qué pasa, me aburro y terminamos. Casi siempre es así. Sólo una vez duré un tiempo largo, un año y cinco meses, para mí eso es un record, mi record, después, mejor ni contar.

Anoche, como a las diez u once, me puse a escuchar un poco de salsa romántica, después llegaron las baladas y así, cada vez más trágico y corta venas. En ese instante pensé qué será de la vida de la chica del año con tantos meses, claro, sus amigas siempre me hacen saber que está bien y eso es casi todos los días, pero ahora esos amigos se habían ausentado por un buen tiempo y qué raro era todo esto, porque, uno de ellos, en su red social, noté que había escrito lo siguiente: ‘qué risa me das imbécil, ella queriéndote y tú, crees, jugando al pendejito’, u otro que decía: ‘Buchito, mi querido Buchito, ¡por qué serás tan pavo? Y después niegas todo, maricón’. Estaba totalmente seguro que se habían enterado de lo que pasaba con A.

Un momento, la chica del año y tantos meses, la nombraré como M, exacto, su nombre empieza con M, nunca lo olvido, nunca podría olvidarla. En ese tiempo que andábamos, su tez clara me volvía loco, era algo alta, de ojos caramelo que me engatusaban y cabello largo, lacio, siempre aromado. Vestía bien, y atraía las miradas en la calle cuando paseábamos.

De verdad, no es que haya empezado algo nuevo con A, eso no está decidido aún. No sé si quiera empezar algo con A porque L también me tiene estúpido. L es mayor, yo puedo ser hasta tu mamá, me dice, pero pienso que lo dice de loca, porque no quiere que pase nada. No la conozco personalmente, pero siempre nos escribimos. No sé exactamente cómo será, pero sé que me encanta por cómo escribe, cuando dice las cosas como son, cuando no se calla, cuando me dijo un día: soy una mujer fuerte, ningún hombre me va a mandar, nada de nada, yo me sé defender sola, después de eso siempre hablamos, todas las noches, desde las once hasta las dos de la mañana del día siguiente, no hay stop, todo fluye.

A me dijo una tarde de otoño: Creo que tú quieres hacerte el pendejo y hasta creo que lo eres, no supe qué responderle para defenderme, entonces le dije: Creo que estás desconfiando de mí, yo sabía que otra chica también me gustaba, pero no podía decírselo, me hubiese matado, él y yo mismo por perderla.

Aún tengo en mi mente, aquel jueves de enero, cuando M me escribió al correo: ¿Ya te sientes mejor? ¿Decidiste algo?, es que pensé que una tregua calmaría mis confusiones del corazón, creo que es mejor seguir como amigos, creo, no sé, le respondí. Nunca más contestó. Nunca más quise molestarla. Al día siguiente, A comentó una foto de las pocas que tengo en el ‘féisbuc’, nos hicimos amigos y desde aquella noche no paramos de hablar, nos peleamos como si estuviéramos, nos celamos, nos decimos ‘te quiero’, sentimos que es así, verdad. Desde hace seis meses que A me alegra los días, también los molesta, pero esos días son poquísimos y me gustan que existan. Desde hace dos cortas semanitas que L, sin conocerla aún, me fascina, me vuelve loco y ahora siempre digo: soy fuerte, nadie abusará de mí, sé defenderme solo. Soy fuerte. Río, río y mucho, cada madrugada de mierda cuando veo el circulito verde y un mensaje diciendo: Hola, ¿estás ahí?

jueves, junio 23, 2011

ALGO DEL BOBO




ANDREA

Traté de entenderte pero nunca conseguí mi objetivo. Traté de que aquel objetivo se disipara, pero tampoco lo conseguí. Te veo. Tu foto. Mi sonrisa. Palpitaciones. Te veo, pero ya no quiero verte más, nunca más. Creo que ese nunca más no será cumplido. Creo (a estas alturas del partido, sé) que ese nunca más lo utilizaré mañana y pasado mañana y el día después y así el que vendrá, los que vendrán y así, nunca más, mis dos palabritas de moda. Ese nunca más lo usaré tres mil veces y entonces nunca más te irás. Nunca más. Pero igual queriendo que te vayas. Pero. Nunca. Pero. Más.

NATALY

Salgo contigo y pienso que contigo quiero salir siempre. Tranquila, tranquila. He empezado a pensar (si vale el término), que contigo estoy tranquilo, sí, totalmente tranquilo, como embobado, atontado y ahuevado. Estoy. Estás. Estamos. Jugamos. Te vas. Me voy. Y en la noche el teléfono que suena y que suena, que jode y que jode. Ring, ring. Que suena y que jode. Ring y me desperté. Veo tu nombre en la pantalla, “son las tres de la madrugada”, pienso y contesto, bostezo. “No puedo dormir”, inicias. “¿Cómo que no? Pues intenta y si no puedes te quedarás conmigo·, agrego, sin sueño. ”Sería bonito. Sería bonito quedarme contigo.” “¿Tú crees?” “Claro, algo inolvidable”, y un suspiro acompaña la noche. Un silencio llega. Escucho al grillo que afuera de mi ventana canta: “Te quiero”, siento que es verdad. “Me quieres cagar. Chau.”, el teléfono volvió a ser el mismo aparato negro en forma de ladrillo de siempre. Soy tonto. Fui tonto. Saben que soy tonto y por eso mismo me tontean con confianza. Me cagan. Me escupen. Gritan, lloran. Y yo, sigo tonto, atontado y ahuevado, como siempre.


PINPOM


Prendo un cigarrillo. Es de noche, una noche fea, cagada, con un chiste hecho lluvia. Miro al cielo y el recuerdo de él se nota en mis ojos enrojecidos.

Ocho de la noche. Sufro. Lloro. Desde hace una semana que no se nada de él. Él, mi amigo, compañero, hermano. Lloro. Y es que desde hace una semana pienso que ya no está conmigo, que ya se fue, que ya se me fue. Pienso y lloro aún más. Con una mano me cubro los ojos y el llanto. Me siento en el sillón donde solía echarse a dormir. Pienso en él. Aparece. Miaaaauuu, maúlla con dolor, casi chillando, lo conozco, son casi siete años. Salgo en busca de un veterinario que lo ayude o que lo salve. Corrí por y para todos lados. Encontré uno abierto, gracias a Dios. El reloj marcaba las once del viernes. Miaau, ya no quiere ni maullar. “No puede -agrega el doctor- un día más así y se nos iba”, se involucra. “Haga todo lo que esté en sus manos”, le ruego. La noche reina y mi compañero está estable, recuperándose, pero bien, fuerte, luchador. “Es mi culpa”, pienso y el sueño me gana. Los días se pasaron volando y el tratamiento era un logro, un éxito, vivía feliz y miaaauuu se escuchaba a cada rato y donde sea, como antes. Por un viaje a Chincha me ausenté por unos días de mi casa, de mi hermano y de todas las estupideces que escribía. Al regreso sentí que algo estaba mal, olía a tristeza. “Lo llevé de emergencia. Lo de siempre”, me dijo mi tío, con los ojos llorosos. Corrí a la veterinaria. Corrí y no me importaba nada, ni el cansancio que tenía hasta hace un minuto, o segundos. “Segunda vez”, me sorprendió la doctora. “¿Está bien?” “Sí, muy bien, pero estaría mucho mejor si la hacemos análisis porque es raro lo que le pasa”. Pasó una semana y mi compañero no orinaba, no cagaba, no hacía nada, el miaauu de siempre ya no estaba, ni corto, ni nada.

Ahora ya no está conmigo, porque el flaco lo recibió y lo siento. Ya no lloro como antes porque sé que está mejor. Mañana, de repente, cuando salga a la calle y vea el árbol, ahí donde está mi hermano, su cuerpo y casi siete años de mi vida, le diré: “Mejor que estés ahí, aunque es mejor que estés conmigo. Espero estés bien, Pipito. Ahora tu nombre está marcado en este árbol viejo, frondoso, así como también en este corazón deshecho pero fuerte y valiente como tú. Te quiero.”

jueves, junio 16, 2011

MA-MÁ





1
Ayer me quedé hablando por teléfono con Naty. Hablamos como una hora y no nos dolió la oreja. Queríamos seguir hablando. Eran las dos de la mañana y no nos importaba que mañana teníamos que despertarnos temprano para ir a estudiar.

2
Renegando, me desperté a las seis, dije un ratito más y volví a cerrar los ojos. Me volví a despertar a las siete y media y repetí las palabras mágicas. Me cagaba de sueño, sentía que si me paraba, así, con toda la mala noche encima, me iba a desmayar por ahí, o caminando, o en el carro, o en el instituto. No me quería levantar así y decidí la tercera es la vencida y me levanto bien. Desperté a las ocho y quince y el parcial de Marketing lo veía en blanco y la T de tardón (como siempre) en el registro del pelado que tengo como maestro.

3
Las clases terminan. Suena la maldita chicharra y cada uno a su casa. Salimos a caminar por las calles de Miraflores. Renato enciende un cigarrillo largo, raro, extranjero. Joaquín, en su patineta, hace trucos y al bajar por una baranda, le sale mal el truco y cae golpeándose los huevos y gritando como una gata en pleno chaca-chaca.

4
Llego a la casa. Tengo hambre. Tengo tanta hambre que me comería un toro (dime copión). Tengo tanta hambre que me comería a mi mismo (primero me baño, me baño como tres veces y me desinfecto). Juliana tiene la cara de siempre y eso me molesta, me recuerda a lo de la mañana. Juliana me sirve la comida de mala gana y lavas tu platito cuando termines, me dice. Juliana se molesta conmigo por algo que no he hecho. Me castiga y mi felicidad cae y la piso cada vez que camino de un lado a otro gritando como Joaquín. Juliana es mi madre. Es mi madre pero pareciera que no lo fuera.

5
Terminé de comer. Sé que tengo que lavar el plato. Sé que estoy castigado. Sé que estoy castigado porque mi madre está molesta y se la agarró conmigo. Sé que así es mi madre. Lavo el plato. Respiro hondo, muy hondo. Un vaso con agua me tranquiliza. Me siento a escribir.

lunes, junio 06, 2011

DESDE EL FLASH Y ESAS GUEVADAS



Tal como se preveía y más o menos, teniendo las últimas encuestas en la mano, se especulaba, Ollanta Humala con el 51% (del conteo rápido) es, a estas horas de la noche, el virtual Presidente de la República.
Domingo. Cinco de junio. Cuatro de la tarde. Me despierto de una larga siesta y el flash no me deja abrir bien los ojos, no me repongo del todo cuando en la televisión se anuncia: Ollanta Humala, puntea y es virtual presidente, con 51.5% y Keiko Fujimori, relegada en el segundo lugar con 49.5%. Cierro los ojos, los vuelvo abrir, igual, Ollanta presidente. Me enjugo la frente.
Voy a la cocina y tomo un vaso con agua. Siento que me refresco, pero el trago amargo sigue ahí. En realidad no es que me muera porque el líder nacionalista sea nuestro presidente, pienso que está bien y no sé por qué, sólo que como voluble que soy, cambio de parecer cada cinco minutos y ahora pienso que el presidente no será Ollantita sino Chávez y que seremos una próxima Venezuela y que retrocederemos y que ya nos fuimos al carajo. Lo único que pido es que sea verdad todo lo que ha dicho y ha propuesto Humala, nada más. Ruego y ruego, Papa Lindo.
Quise descansar un poco más, sólo me había despertado para ver el flash y la supuesta victoria de Keiko (pensando que sea como sea iba a ganar por lo que se rumoreaba, pero me equivoqué). Hice zapping rápidamente por todos los canales y todos, absolutamente todos, ya habían empezado con los debates, los economistas locos números, los personajes publicitarios, los congresistas electos de unos y de otros, todo el show ya se había iniciado y yo me moría de sueño.
Me volví a despertar a las seis de la tarde y gracias a Dios había recuperado el equilibrio emocional después de esa corta segunda siesta. Recibo una llamada, es mi compañero de grupo del instituto y me pregunta que si ya había terminado el trabajo, le digo que no, que necesito que pase un poco más de tiempo, que necesito ver lo que pasa en adelante y que después haré el trabajo; lo siento tranquilo, me dice que confía en mí y cuelga el teléfono.
La noche avanza. Los relojes marcan las ocho. Ollanta no aparece para hablar y dar las buenas nuevas a sus simpatizantes. Yo me desespero. Recibo una nueva llamada de mi compañero, le miento que ya he comenzado el trabajo, lo vuelvo a sentir tranquilo y cuelga.
Magdalena Chu, jefa de la ONPE, inicia su conferencia de prensa y expone que al 78%, Humala está con un 50% y Fujimori con un 49%. Sí, claro, la Chinita está muy cerca, puede dar la vuelta, pero aguanta tu coche, esas actas son las de Lima y las urbes principales solamente, falta el norte, el sur, el centro y ahí, Humala es el rey.
Son las nueve. Nueve y media. ¡Vamos! Las diez. Diez y media y nada, ¿dónde está el nuevo presidente? Once y media y recién se aparece en la conferencia de prensa en el Hotel Bolívar donde leyó una hojita agradeciendo a quienes votaron por él, estuvo pasivo, tranquilo, no se trabó, pero se perdió en algunas partes, respiró hondo y siguió leyendo a viva voz, fuerte. Próximo destino: Plaza Dos de Mayo, repleta de nacionalistas desde las cinco. A esperar más, un poquito más.
Once y cuarenta y cinco de la noche. Ya casi me voy a dormir, pero cuando bostezo y decido finalmente irme a dormir y apagar el televisor y no hacer nada y todo al carajo, ocurrió lo inesperado o ocurrió lo esperado desde hace cuatro o cinco o seis horas. No lo puedo creer. Creo que si yo gano algo y tengo que salir a hablar y agradecer a quienes me apoyaron, pues salgo rápido porque estoy emocionado y porque quiero agradecer a todos y a también a todos los que no votaron por mí, eso se llama brindar confianza, porque es así la emoción; pero ¿después de tres horas y media? Vamos, igual salió ¿no?
Humala sale a hablar y dice lo mismo del debate y concluye gritando ¡Viva el Perú! ¡Viva Gana Perú! No se habrá demorado más de veinte minutos y termina su intervención en la plaza Dos de Mayo, saludando a las cámaras y levantando las manos junto a su amada Nadine, que pareciera decirle: “Ya. Cholo. No hables tanto que la vas a cagar.”
Hoy terminó todo, por el momento. Humala es nuestro presidente, Heredia nuestra primera dama, habrá oposición, seguro (espero que no) mañana y pasado y demás días, habrán revoltosos en la calle, marchas, insultos por las redes sociales, políticos que no saben perder, brindando entrevistas y ‘arrodillándose’ en programas de televisión y radio. Espero que no. Espero que mañana sea otro día. Que mañana sea seis de junio y si alguien me pregunta que qué pasó ayer, yo, con la sinceridad debida, poder responder: “pues nada compadrito, se eligió al próximo presidente y listo; pero dime, ¿cómo está tu hermana?”

martes, mayo 10, 2011

MI VIDA SERA OTRA


UNO
Siento que mi estómago va muriendo poco a poco, que mis pasos, cada uno de ellos, cada uno de los que doy al caminar, de poquito en poquito, van jodiendo más y más a mi pobre órgano que no sientes como antes o que siente todo lo que nunca había sentido, jamás.
DOS
Siento que mi cabeza ya no puede más, que uno de estos fríos días explotará y saldrá pura agua y pura mierda. Cuando despierto, veo la hora en el reloj azul, viejo, que está colgado en mi pared desde hace diecisiete años. Siempre me despierto a las seis con cincuenta, entonces descanso un poco más y vuelvo a despertarme a las siete con veinte por los martillazos que siento en mi cabeza y que son mis despertadores naturales y que gritan “¡arriba arriba!” cada, exactamente, dos putos minutos.
TRES
Siento que mis ojos, un día de estos, me dirán “¡chau, fue un gusto!” y se irán, mojados, rojos, esquizofrénicos. Todas las noches, bueno, las noches son el principal escenario para yo poder escribir algo o garabatear algo. Las noches, esas noches en donde la computadora y una buena música de fondo son lo mejor que me puede pasar. Esas noches en que me quedo pegado al monitor intentando pensar qué decir, qué escribir, así, ahí, mi ojos van muriendo y yo lo sé y yo sigo escribiendo, cojudo. Esas noches como esta, son el perfecto testigo de mis asesinatos a sangre fría, sabiendo que aunque a la cárcel nunca iré, de repente, un saltito por el hospital me podría dar, de emergencia, por huevón.
CUATRO
Quizás mi estómago no puedo resistir. Quizás mi cabeza de verdad, uno de estos fuertes días que se vienen, explotará y saldrá pura agua y pura mierda y un “¡gracias, por fin!”. Quizás mis ojos se suiciden, digan ya no más y solitos, una mañana, al despertar, ya se hayan ido y yo, ciego, enfermo, grite por toda la casa que no puedo ver, que no tengo ojos, calato, fuera de mí, con la sangre que de poco en poco voy llorando sin saber adónde voy, no siendo yo.
Escribo esto con un fuerte dolor de estómago. Pienso que es una gastritis que se aproxima. Pienso, también, que cuando se entere mi papá su puño lo tendré en mi boca o en mi nariz toda una semana. Sé que fui (soy) un huevón al no involucrarme en mi salud. Sé que esos pasos que ahora doy tienen que ser cuidadosos, estudiados, tranquilos. Sé que depende de esos pasos, esos, los que se vienen, mi vida será otra, otra.

martes, mayo 03, 2011

ENRIQUETA


Porque todos tenemos un gay dentro. Porque todos tenemos una chica escondida. Porque todos tenemos una fémina linda, cohibida, celosa, imposible de manejar. Porque somos así y así siempre seremos. Porque siempre hemos sido raros en algún momento, para causar risas, para simplemente ver qué pasaba o se te chispoteó y todo al huevo. Porque todos tenemos un gay dentro. Por eso, quiero escribir porque siento que el gay que escondido vive en mí ya no esta tan escondido que digamos.
Para comenzar, pensemos que al gay que llevamos dentro le tenemos que poner un nombre. ¿Cuál sería? ¿Qué nombre le pondría yo? Pues, fácil, siempre he soñado con un nombre de estirada y que suene a pendeja, pero más a rica, económica y físicamente: Enriqueta, ese sería perfecto, ¿y tú?
El gay que llevamos dentro muchas veces tiene que ser liberado de poco en poco para que no nos cague en una reunión multitudinaria o en una cita con una niña bonita o una rica niña (sepa diferenciarse). El gay que llevamos dentro quiere que el mundo sepa que él está ahí, pero la persona que lo esconde sabe que no es muy bueno o muy bonito estar liberando al raro personaje a cada rato, es mejor seguir llevándolo como oculto. Muchas veces la figura femenina sale a relucir más cuando estamos entre hombres y lo peor es que cuando pasa te das cuenta que no eres el único raro, entonces sólo sonríes o mueres a carcajadas y sigues como si nada hubiera pasado.
Existen muchos momentos cuando el personaje raro que vive en nosotros sale con todo y se caga en todos y nosotros quedamos mudos, fríos, y después una sonrisa arregla todo: 1) Cuando pasa un chico atractivo, hablamos o empezamos a pensar cosas raras, muy raras. 2) Cuando tu mejor amigo, después de una conversación extensa de desamor te dice que te quiere y que sin ti no sería nada igual y que tus consejos lo son todo, qué carajos. 3) Cuando te quedas durmiendo en casa de tu amigo de siempre y amaneces mirándolo, o mirándose. 4) Cuando te tomas fotos con tu amigo bonito porque con él siempre sales bonito, piensas y hasta algunas veces te atreves a decírselo. 5) Cuando terminas de ducharte y te quedas una hora viendo y tratando de elegir qué ponerte y no te decides por nada y cuando ya estás vestido te vas al baño a verte la cara dos horas más y te echas la crema para el cutis y te cortas los pelitos que se ven feo y te peinas con el peine que no duele y sufres cuando haces todo y te sigues viendo feo, la autoestima al piso y ya no eres el mismo. 6) Puedo seguir pero me cansaría y revelaría los secretos de mis amigos o los secretos del raro personaje que vive en cada uno de mis amigos y/o de mí o, carajos, lo diré, o mis secretos también, la mierda.
Porque el gay que tenemos dentro también quiere vivir, también quiere jugar, también quiere tener amigos. O, de repente, el gay que tenemos dentro, poco a poco, se desilusiona más y más de este mundo hipócrita y cruel y frío y machista y duro y… ¡puta madre! Enriqueta no me deja ni escribir tranquilo. Adiós hermosos. Un beso.

sábado, abril 30, 2011

LLANTO CAGON






Con el mar en mis narices puedo decir que mi día (o que mi tarde), ha sido reinado por el llanto cagón y desconsolado y vacío y feo. Necesité un hombro donde apoyar mi atolondrada y loca cabecita pero nada encontré, nada, nadie. Y es que el compañero mío que otros lo llaman gato y los que saben Pinpom, está mal, algo en su barriguita lo molesta, algo que no sé qué es. El veterinario ya me dirá qué hacer, además, ¿los gatos tienen siete vidas, no? Vamos, eres fuerte, yo lo sé, por eso te amo y espero que te recuperes, siempre te amaré y cuidaré. Y es que gracias a lo que le pasó a Pinpom yo regresé, volví aquellos olvidados pensamientos santos que tenía, aquella fe que, según yo, ya no era tan completa. Porque en pleno llanto iba caminando, loco, solo, y el cuadro del Señor de los Milagros se me apareció colgado en la pared, antes lo veía y lo ignoraba, ahora lo contemplé, le pedí perdón y le prometí que escribiría sobre el momento. Y cuando lloraba en uno de los sillones de la oscura sala, mi tío me encontró y me gritó y gritándome aún más fuerte ( y yo pensando: "porqué carajos todos me gritan") me llevó a su cuarto y allí, echado en la cama, estaba él, mi gato, mi Pinpom, mal pero fuerte como él solo. Y yo llorando, y yo rezando y yo dándole gracias al flaco que todo lo ve y puede y yo pidiendo perdón y yo... y mi tío, después de un breve descanso, comenzando nuevamente el regaño.




Mañana, espero, que sea otro día, pero uno bueno, flaco, uno para poder sonreír y decirle que lo quiero.




Son las dos de la madrugada del treinta. El mar sigue ahí, conmigo y con todos, pero más conmigo. Y así, el sueño me vence.