martes, mayo 10, 2011

MI VIDA SERA OTRA


UNO
Siento que mi estómago va muriendo poco a poco, que mis pasos, cada uno de ellos, cada uno de los que doy al caminar, de poquito en poquito, van jodiendo más y más a mi pobre órgano que no sientes como antes o que siente todo lo que nunca había sentido, jamás.
DOS
Siento que mi cabeza ya no puede más, que uno de estos fríos días explotará y saldrá pura agua y pura mierda. Cuando despierto, veo la hora en el reloj azul, viejo, que está colgado en mi pared desde hace diecisiete años. Siempre me despierto a las seis con cincuenta, entonces descanso un poco más y vuelvo a despertarme a las siete con veinte por los martillazos que siento en mi cabeza y que son mis despertadores naturales y que gritan “¡arriba arriba!” cada, exactamente, dos putos minutos.
TRES
Siento que mis ojos, un día de estos, me dirán “¡chau, fue un gusto!” y se irán, mojados, rojos, esquizofrénicos. Todas las noches, bueno, las noches son el principal escenario para yo poder escribir algo o garabatear algo. Las noches, esas noches en donde la computadora y una buena música de fondo son lo mejor que me puede pasar. Esas noches en que me quedo pegado al monitor intentando pensar qué decir, qué escribir, así, ahí, mi ojos van muriendo y yo lo sé y yo sigo escribiendo, cojudo. Esas noches como esta, son el perfecto testigo de mis asesinatos a sangre fría, sabiendo que aunque a la cárcel nunca iré, de repente, un saltito por el hospital me podría dar, de emergencia, por huevón.
CUATRO
Quizás mi estómago no puedo resistir. Quizás mi cabeza de verdad, uno de estos fuertes días que se vienen, explotará y saldrá pura agua y pura mierda y un “¡gracias, por fin!”. Quizás mis ojos se suiciden, digan ya no más y solitos, una mañana, al despertar, ya se hayan ido y yo, ciego, enfermo, grite por toda la casa que no puedo ver, que no tengo ojos, calato, fuera de mí, con la sangre que de poco en poco voy llorando sin saber adónde voy, no siendo yo.
Escribo esto con un fuerte dolor de estómago. Pienso que es una gastritis que se aproxima. Pienso, también, que cuando se entere mi papá su puño lo tendré en mi boca o en mi nariz toda una semana. Sé que fui (soy) un huevón al no involucrarme en mi salud. Sé que esos pasos que ahora doy tienen que ser cuidadosos, estudiados, tranquilos. Sé que depende de esos pasos, esos, los que se vienen, mi vida será otra, otra.

martes, mayo 03, 2011

ENRIQUETA


Porque todos tenemos un gay dentro. Porque todos tenemos una chica escondida. Porque todos tenemos una fémina linda, cohibida, celosa, imposible de manejar. Porque somos así y así siempre seremos. Porque siempre hemos sido raros en algún momento, para causar risas, para simplemente ver qué pasaba o se te chispoteó y todo al huevo. Porque todos tenemos un gay dentro. Por eso, quiero escribir porque siento que el gay que escondido vive en mí ya no esta tan escondido que digamos.
Para comenzar, pensemos que al gay que llevamos dentro le tenemos que poner un nombre. ¿Cuál sería? ¿Qué nombre le pondría yo? Pues, fácil, siempre he soñado con un nombre de estirada y que suene a pendeja, pero más a rica, económica y físicamente: Enriqueta, ese sería perfecto, ¿y tú?
El gay que llevamos dentro muchas veces tiene que ser liberado de poco en poco para que no nos cague en una reunión multitudinaria o en una cita con una niña bonita o una rica niña (sepa diferenciarse). El gay que llevamos dentro quiere que el mundo sepa que él está ahí, pero la persona que lo esconde sabe que no es muy bueno o muy bonito estar liberando al raro personaje a cada rato, es mejor seguir llevándolo como oculto. Muchas veces la figura femenina sale a relucir más cuando estamos entre hombres y lo peor es que cuando pasa te das cuenta que no eres el único raro, entonces sólo sonríes o mueres a carcajadas y sigues como si nada hubiera pasado.
Existen muchos momentos cuando el personaje raro que vive en nosotros sale con todo y se caga en todos y nosotros quedamos mudos, fríos, y después una sonrisa arregla todo: 1) Cuando pasa un chico atractivo, hablamos o empezamos a pensar cosas raras, muy raras. 2) Cuando tu mejor amigo, después de una conversación extensa de desamor te dice que te quiere y que sin ti no sería nada igual y que tus consejos lo son todo, qué carajos. 3) Cuando te quedas durmiendo en casa de tu amigo de siempre y amaneces mirándolo, o mirándose. 4) Cuando te tomas fotos con tu amigo bonito porque con él siempre sales bonito, piensas y hasta algunas veces te atreves a decírselo. 5) Cuando terminas de ducharte y te quedas una hora viendo y tratando de elegir qué ponerte y no te decides por nada y cuando ya estás vestido te vas al baño a verte la cara dos horas más y te echas la crema para el cutis y te cortas los pelitos que se ven feo y te peinas con el peine que no duele y sufres cuando haces todo y te sigues viendo feo, la autoestima al piso y ya no eres el mismo. 6) Puedo seguir pero me cansaría y revelaría los secretos de mis amigos o los secretos del raro personaje que vive en cada uno de mis amigos y/o de mí o, carajos, lo diré, o mis secretos también, la mierda.
Porque el gay que tenemos dentro también quiere vivir, también quiere jugar, también quiere tener amigos. O, de repente, el gay que tenemos dentro, poco a poco, se desilusiona más y más de este mundo hipócrita y cruel y frío y machista y duro y… ¡puta madre! Enriqueta no me deja ni escribir tranquilo. Adiós hermosos. Un beso.

sábado, abril 30, 2011

LLANTO CAGON






Con el mar en mis narices puedo decir que mi día (o que mi tarde), ha sido reinado por el llanto cagón y desconsolado y vacío y feo. Necesité un hombro donde apoyar mi atolondrada y loca cabecita pero nada encontré, nada, nadie. Y es que el compañero mío que otros lo llaman gato y los que saben Pinpom, está mal, algo en su barriguita lo molesta, algo que no sé qué es. El veterinario ya me dirá qué hacer, además, ¿los gatos tienen siete vidas, no? Vamos, eres fuerte, yo lo sé, por eso te amo y espero que te recuperes, siempre te amaré y cuidaré. Y es que gracias a lo que le pasó a Pinpom yo regresé, volví aquellos olvidados pensamientos santos que tenía, aquella fe que, según yo, ya no era tan completa. Porque en pleno llanto iba caminando, loco, solo, y el cuadro del Señor de los Milagros se me apareció colgado en la pared, antes lo veía y lo ignoraba, ahora lo contemplé, le pedí perdón y le prometí que escribiría sobre el momento. Y cuando lloraba en uno de los sillones de la oscura sala, mi tío me encontró y me gritó y gritándome aún más fuerte ( y yo pensando: "porqué carajos todos me gritan") me llevó a su cuarto y allí, echado en la cama, estaba él, mi gato, mi Pinpom, mal pero fuerte como él solo. Y yo llorando, y yo rezando y yo dándole gracias al flaco que todo lo ve y puede y yo pidiendo perdón y yo... y mi tío, después de un breve descanso, comenzando nuevamente el regaño.




Mañana, espero, que sea otro día, pero uno bueno, flaco, uno para poder sonreír y decirle que lo quiero.




Son las dos de la madrugada del treinta. El mar sigue ahí, conmigo y con todos, pero más conmigo. Y así, el sueño me vence.

lunes, abril 18, 2011

LOS GOLPES DE HUMALA

UNO
El señor Alberto Fujimori dio un golpe de Estado en abril de 1992. Fue un grave error. Nada justifica atropellar el imperio de la ley. Sin embargo, la gran mayoría de los peruanos lo aplaudió entonces y lo reeligió años después. ¿Todos esos peruanos que celebraron el golpe del señor Fujimori y lo convalidaron votando por él en 1995 se habrán muerto ya? ¿Tanta gente se muere tan rápido?

DOS
Cuando el señor Fujimori dio el golpe de 1992, su hija Keiko tenía apenas 16 años. Era menor de edad. Estudiaba en el colegio Recoleta. No tiene sentido suponer que Keiko tramó el golpe o participó del golpe o animó a su padre a dar el golpe. Keiko era una adolescente que cumplía deberes escolares. Por lo tanto, es injusto y abusivo culparla del golpe de su padre. A los hijos menores de edad no se les culpa por los errores o los delitos de sus padres.

TRES
Cuando el señor Fujimori dio el golpe de 1992, el señor Ollanta Humala era oficial del Ejército peruano. Tenía 29 años, estaba a punto de cumplir 30 años. Era un soldado hacía ya 10 años desde 1982. Como todos saben, el señor Fujimori dio el golpe de Estado con el apoyo explícito del Ejército peruano. Para que no quedaran dudas, sacó los tanques a la calle y los jefes militares apoyaron públicamente el golpe. El Ejército fue, pues, cómplice del golpe, aliado del golpe, pieza clave del golpe. Sin el apoyo del Ejército, el golpe no hubiera sido posible. El señor Ollanta Humala no era menor de edad cuando el señor Fujimori dio el golpe. El señor Ollanta Humala estaba a dos meses de cumplir 30 años cuando el señor Fujimori dio el golpe. El señor Humala pudo renunciar al Ejército en protesta por el golpe. El señor Ollanta Humala debió renunciar al Ejército en protesta por el golpe. No lo hizo. El señor Humala siguió sirviendo leal y diligentemente al Ejército golpista de Fujimori durante ocho largos años más. En todo ese tiempo, el señor Humala, miembro activo del Ejército golpista al servicio de Fujimori, fue por consiguiente un aliado tácito del Jefe Supremo de su Ejército golpista. Si el señor Ollanta Humala fuese un demócrata, hubiese renunciado al Ejército cuando Fujimori dio el golpe del 92. No lo hizo. De modo que, como todos los militares que formaron parte del Ejército golpista a la órdenes de Fujimori y Montesinos, el señor Ollanta Humala también es responsable por apoyar con su silencio cómplice ese golpe de Estado.

CUATRO
Cuando el señor Fujimori dio el golpe de 1992, yo tenía 27 años, vivía en Lima y presentaba un programa en Canal 5. Al día siguiente renuncié y me fui del Perú. Si yo pude renunciar a la televisión para no apoyar el golpe, el señor Humala también pudo renunciar al Ejército para no apoyar el golpe. El señor Humala no renunció ese año, ni el siguiente, ni el subsiguiente. Bien callado y contento se quedó sirviendo al Ejército golpista. Durante ocho años fue un peón del ajedrez de Fujimori y Montesinos. No tuvo el coraje ni la decencia de renunciar a un Ejército que todos sabían acanallado y envilecido y que era el sostén de la dictadura.

CINCO
Si el señor Humala fue cómplice del golpe del señor Fujimori en 1992 (el que calla, otorga), a finales de octubre del 2000, coludido con su hermano Antauro, lideró una rebelión militar el mismo día que huyó del Perú el bribón de Montesinos. Ocho años y medio necesitó el señor Humala para darse cuenta de que el Ejército abusivo al que servía con entusiasmo era, en la práctica, el partido político sin escrúpulos del señor Fujimori. Cuando por fin advirtió algo tan evidente, no renunció a dicho Ejército en forma pacífica. Lo que los hermanos Ollanta y Antauro Humala hicieron a finales de octubre del 2000 fue dar un golpe militar. Lo que pretendían era capturar el poder. No lo consiguieron. Fue un golpe torpe, fallido. Pero fue un golpe militar a una dictadura que se desplomaba. Por consiguiente, es rigurosamente cierto que el señor Ollanta Humala, junto con su hermano Antauro, se alzó en armas para tomar el poder de un modo violento los últimos meses del 2000. Si los hermanos Humala hubiesen tenido éxito en dicha sublevación golpista, ¿habría democracia ahora en el Perú? Yo creo que no.

SEIS
No fue aquella la única vez que los hermanos Ollanta y Antauro Humala dieron un golpe militar fallido para capturar el poder. Lo intentaron de nuevo años después. El 1 de enero del 2005, el señor Ollanta Humala, desde Seúl, fue el autor intelectual del golpe militar frustrado que su hermano Antauro, siguiendo sus órdenes, perpetró en el Perú. Dicho golpe había sido anunciado una y otra vez en el panfleto “Ollanta” que se repartía gratuitamente en el Perú. En ese pasquín, que llevaba el nombre de Ollanta Humala, se pedía el derrocamiento del gobierno del señor Toledo y el fusilamiento del presidente Toledo y de varios de sus ministros, entre ellos el señor Kuczynski. El señor Ollanta Humala era agregado militar del presidente Toledo en Seúl. El señor Ollanta Humala no podía ignorar que en el Perú su hermano Antauro repartía, mes a mes, miles de ejemplares de un libelo venenoso precisamente llamado “Ollanta” (no muchos peruanos se llaman Ollanta) que exigía el golpe sangriento contra el gobierno legítimo del señor Toledo y reclamaba “ajusticiar” (léase asesinar) a varios miembros de ese gobierno democrático. Si el señor Ollanta Humala permitió que durante meses su hermano Antauro distribuyese aquel periódico inmundo que llevaba el nombre de “Ollanta” y que pedía el golpe contra el presidente Toledo, es porque el señor Ollanta Humala estaba de acuerdo con las barbaridades antidemocráticas que dicho periódico publicaba. Pero, además, para confirmar que el golpe militar fallido del 1 de enero de 2005 fue una decisión tomada conjuntamente por los hermanos Ollanta y Antauro Humala, es preciso recordar que ese mismo día pasaba el retiro como militar el señor Ollanta Humala. Por si eso fuera poco, luego de que Antauro Humala capturase una comisaría de Andahuaylas, matando a cuatro policías y dando vivas desaforadas a su hermano Ollanta como próximo presidente del Perú, el propio señor Ollanta Humala declaró desde Seúl a Radioprogramas del Perú que apoyaba la rebelión de su hermano Antauro. Allí están como pruebas irrefutables las grabaciones en las que, a viva voz, desde Seúl, el señor Ollanta Humala aplaude con entusiasmo el golpe militar de su hermano Antauro. Ambos pensaban (deliraban) que capturarían el poder de un zarpazo, no importaba si matando policías inocentes. Como a finales del 2000, en enero de 2005 ambos pensaban (deliraban) que llegarían al gobierno a balazos. Si el señor Antauro Humala hubiese tenido éxito en su golpe militar de enero de 2005, ¿no es razonable suponer que enseguida habría llegado como un héroe al Perú su apandillado hermano Ollanta y que a continuación hubieran implantado una dictadura? Si ambos hubiesen tomado violentamente el poder en enero del 2005, ¿habría democracia ahora en el Perú? Yo creo que no.

SIETE
La señora Keiko Fujimori no ha tramado nunca un golpe militar. Su padre dio un golpe de Estado cuando ella tenía 16 años. La señora Keiko era menor de edad y, por tanto, no es responsable de los desmanes autoritarios en que incurrió su padre. Pero el señor Ollanta Humala fue cómplice de ese golpe porque no renunció (estando a punto de cumplir 30 años) al Ejército golpista de Fujimori y Montesinos, a quienes continuó sirviendo durante ocho años. Años más tarde, el 2000 y el 2005, el señor Ollanta Humala y su hermano Antauro trataron de tomar el poder violentamente en el Perú. Dieron dos golpes militares. Ambos golpes resultaron fallidos. Es decir que, además de golpistas, los hermanos Humala son un par de inútiles como golpistas. Si hemos de comparar las credenciales democráticas de la señora Fujimori y del señor Humala, la señora Fujimori no ha dado nunca un golpe militar y el señor Humala ha perpetrado dos golpes militares fallidos en el Perú.

OCHO
Los venezolanos que votaron por el señor Hugo Chávez en 1998 lo hicieron a sabiendas de que había encabezado un golpe militar contra Carlos Andrés Pérez en 1992. Chávez era un golpista probado. Sin embargo, lo eligieron presidente y, por supuesto, no tardó en destruir la democracia venezolana. Los peruanos que voten el próximo 5 de junio por el señor Ollanta Humala estarán votando por un golpista probado no una sino dos veces. Como Chávez, si Humala llega al gobierno, no tardará en socavar la democracia peruana (convocará a una Asamblea Constituyente y terminará cerrando el Congreso, tal como hizo el presidente Correa en Ecuador) y en implantar un gobierno autoritario basado en el poder militar.

NUEVE
Votar por la señora Fujimori es votar por la preservación de la democracia peruana y por un modelo exitoso de crecimiento económico. Votar por el señor Humala es votar por un golpista probado que dinamitará la democracia y el crecimiento económico. Los verdaderos demócratas no votan por golpistas probados. El señor Ollanta Humala es un golpista probado. Por el bien del Perú, es hora de votar por la señora Keiko Fujimori.

DIEZ
No pocos temen que si la señora Fujimori gana, su padre saldrá en libertad. Del mismo modo, no pocos temen que si el señor Humala gana, su hermano Antauro, asesino convicto de policías, saldrá de la cárcel. Puestos a elegir el menor de los males, creo que el señor Fujimori en libertad será menos peligroso para el Perú que el golpista confeso y asesino de policías inocentes, Antauro Humala.



*Jaime Bayly.
18 de abril. Columna publicada, en Peru.21

domingo, abril 17, 2011

HOMBRES SON










NARDA Y JUNIOR (CON UN POQUITO DE ANDREA)
Junior sigue en el hospital. El viernes pasado fue operado de un tumor benigno en la nariz y ahora se recupera lenta y satisfactoriamente. Mi primo, mi querido primo que llegó de Trujillo para liberarse de ese ‘peso’ que sentía al no estar completo, ya lleva tres días en el hospital y ahora está logrando lo que se propuso al venir a la capital: estar bien, tranquilo, sin nada que lo impida vivir como cualquier persona tocada por el de arriba, sin problema alguno, sin nada que lo impida amar desenfrenadamente a Andrea, su prometida. Él ama a Andrea por encima de todas las cosas. Recuerdo cuando vino hace un mes a Lima para sacar sus citas y poder curarse, como dormía conmigo, no había un minuto que lo pudiera ver sin el celular al lado, no podía, o también prendido de la computadora esperando a que se conectara, la extrañaba mucho y eso que no habían pasado ni dos días. Después de una semana, cuando le dieron la fecha de la operación (que era a dos semanas), mi tío me contó que al recibir la noticia dio un brinco de felicidad olvidándose por un momento de su nariz y que tenía que guardar reposo y empezó a gritar por todo el hospital “nos vamos hoy mismo, mamá”, (su excusa fue que como ya se acercaban las elecciones, tenía la obligación de acercarse a las urnas, pero yo sabía que esa no era la verdadera causa de su alegría desbordante, sino que abrazaría y besaría como nunca a su amada, a la mujer que lo tiene loquito). Y su mamá, mi tía Narda, siempre ahí, en todos los pasos que daba Junior, siempre, detrás, de apoyo, ella. Los dos hacen el mejor de los equipos: la fuerza, el amor, la verdad, la sensibilidad, los acompaña. Y ahora Junior, fuerte, corajudo, reposa y se recupera de la operación que duró casi siete horas de las cuatro pensadas, pero es así y lo bueno que ahora está bien, con el apoyo de su viejita que ya lleva dos noches al costado de él, velándolo y casi sin comer nada, corriendo a traer medicinas y más medicinas, dejando todo por su hijo como una madre ejemplar, como verdadera compañera, como verdadero escudo, como un verdadero amor.

VANE Y BRUNO (Y ALGO DE MI)
A Bruno no lo conozco. Sólo he hablado con él por el correo electrónico y el facebook. Bruno es amigo de Vane, una amiga que se acerca siempre a mejor amiga cuando sus consejos me regala, y a hermana mayor cuando esos consejos se quedan marcados en mí, ella lo sabe, tú lo sabes. Creo que Bruno no es amigo de Vane, sino algo más. Pareciera que están templados pero cuando les pregunto que si hay algo, siempre me responden que no, que sólo son amigos y me resigno una vez más. Bruno ha aceptado que quiere a Vane, que la quiere mucho, demasiado. Pero Vane sólo quiere de él una bonita amistad y no sé por qué. Él es un ‘tipaso’, así, ‘tipaso’, por eso no sé porqué no están, o, bueno, no sé porqué Vane no le dice “sí, Brunito, quiero estar contigo” y listo. Porque él siempre está ahí, con ella, por ella. Dije que Bruno es un ‘tipaso’ y aunque no lo conozca personalmente puedo afirmar de nuevo que lo es: confió en mí para unas cosas de Vane cuando se fue a Chosica o por ahí con sus padres a pasar la Navidad y el Año Nuevo, uno; dos, siempre está pendiente de ella y hasta sus amigos se dan cuenta y me lo confirman; tres y con esto no lo quiero ‘vender mal’, sólo que sus cualidades no las tiene cualquiera, sé que es un buen cristiano, sé que va a la iglesia todos los domingos y creo que también va con Vane porque ella también es cristiana y puedo afirmar que van a la iglesia juntos o que se encuentran allá, pero de que se ven casi todos los domingos, eso es más que seguro. En realidad si yo fuera mujer no lo pensaría dos veces. Un chico como Bruno es bien difícil de encontrar y ella lo tiene ahí, pero así es la vida y él lo sabe. Pues así es la vida de dura, ¿cómo es no? Él ahí, centrado, queriendo como loco y ella también, pero no como él la quiere. Igual él sabe que tiene a un amigo en mí, a alguien en quién confiar, porque personas como Bruno no te pagan mal, siento que él es bueno, porque personas como él deben existir muchas para que este mundo sea otro, hermanos, pacífico, amados, Vane, Bruno, yo.

Junior, mi primo, Bruno, mi amigo, fuertes ellos son. El primero, lucha para estar bien, para volver a ser parte de nosotros, para amar como antes; el segundo, diariamente le ruega al de arriba para que el amor que tiene dentro llegue a la persona con la sueña todas las noches, siempre con la frente en alto, siempre, con Cristo en cada uno de sus pasos. Ellos, hombres son.

lunes, marzo 28, 2011

SOY LOCO, LO-CO


Hoy he aceptado que soy loco. Que soy loco y de remate. Que soy loco y sonso. Que soy loco y sentimental. Que soy loco y demasiado celoso. Que soy loco y un poco maricón, un poco loca.
1
Despierto muy temprano. Pienso que tengo que ducharme y vestirme y arreglarme e ir al instituto. Son las nueve de la mañana y pienso que debería empezar con todo lo que había pensado, lo primero, ir a darme un duchazo. Me paro de la cama y camino hacia la ventana, abro la cortina y un día nublado me sorprende, “que clima para más raro y la mierda”, pienso. Decido no bañarme. Sólo me lavo la cara como gato y, como huevón que soy, al jabonarme, un poco de jabón entra a mis ojos y comienzo a gritar como una loca desesperada, me echo agua, mucha agua y después de dos minutos me siento un poco mejor. Sé que soy un poco dejado con mi persona, mi mamá siempre me lo recuerda. Me visto pero no me arreglo como vieja que se emperifolla tres mil horas. Unas zapatillas negras, un short verde y un polo plomo tirando a sucio es el conjunto de hoy. No me importa mucho cómo me vea cuando me voy a estudiar. Mas hoy, el short no me gustaba pero era el único short limpio que tenía. No me sentía bien, así que busqué otro short entre la ropa sucia y encontré uno, plomo, con un hueco en el lado derecho. Me lo puse y me quedó bien, así que tranquilo fui a estudiar. Fui a estudiar de plomo tirando a sucio y nadie dijo nada o yo no me percaté que rajaron. Por lo menos nadie se dio cuenta que mi short olía a los mil demonios y nadie dijo nada o yo no me percaté que rajaron.
2
Desde hace una semana que mi nona me había dicho que mi primo vendría y desde ese día estuve como loco esperando su llegada. Junior llegó de Trujillo el martes. Yo esperaba con ansias su llegada. Había barrido mi cuarto después de dos meses para que no se dé cuenta que soy cochino y dejado. Vino con mi tía, Narda, siempre alegre y activa. Mi primo ha venido a Lima porque tiene que operarse de un tumor en la nariz que allá en Trujillo no puede operar o no quieren operar o no se sienten capaces de operar. Desde el martes no duermo solo. Desde el martes salgo todos los días a pasear. Desde el martes siento que debo de salir más seguido con amigos. Desde el martes hablo poco y nada con la chica que me gusta. Desde el martes soy un poco más feliz y un poco más triste. Han pasado cuatro días desde que mi primo llegó y estoy como un loco sentimental recordando todas las noches al verlo dormir y roncar tanto aquellas épocas en Trujillo cuando casábamos mariquitas en el parque que está (Junior me dice que todavía está ahí pero desarreglado) al frente de la casa de mis tíos, hermanos de mi nona. Quisiera seguir recordando aquellos viejos tiempos, cuando tenía nueve o menos, mirando a mi primo dormir en un colchón que tira al piso porque “durmiendo aquí no me da tanto calor”, dice y sonríe y yo pienso que me quiere decir que soy un cagón por dejarlo dormir en el piso.
3
Saldré a pasear con Junior. Saldré después de mucho tiempo. Mi mamá no me dice nada porque le digo que Junior quiere conocer Chorrillos y entonces lo llevaré ahí, se queda muda y sólo me mira cuando me voy al baño a ducharme. Cuando salí de la casa me sentí libre, nunca había tenido esa sensación tan rara, como si nunca saliera, en verdad nunca salgo, seguro por eso. A Plaza Lima Sur no lo noté diferente y eso que no voy a comprar allí todos los días. Soy un poco aburrido y un mal guía turístico, así que lo llevé a mi primo a conocer ese centro comercial, ¿qué divertido no? Comimos donas y tomamos café, y caminando por el patio de comidas una rica pizza nos hizo ojitos, compramos y devoramos, así fue, comprábamos y tragábamos. Creo que sólo fuimos a comer. Yo compré una bolsa de pan de esos que venden allí y que tanto me gustan saborear con una gaseosa heladísima. Saliendo de ese caótico lugar me crucé con Street, un rapero peruano del grupo Rapper School, mi preferido nacional. Saben que amo el rap, saben que el rap me llena y produce en mí emociones diversas y a montón, locas, indescriptibles. Street estaba con su mujer y con su pequeña hija. A primera vista no pensé que fuera él pero lo quedé viendo un momento más y volteó y ahí confirmé que era el rapero de mi grupo favorito. Lo vi alejarse de mí, nunca lo llamé. “Él es Street, él es”, le decía a primo mientras más se alejaba y no lo llamaba. Lo perdí de vista y un grupo de muchachos comenzaron a correr a la dirección adonde él se iba y yo ahí, como un huevón. Llegué a mi casa y puse una canción de él, la mejor, “Turno Tarde”, la vieja escuela, con Norick, Warrior y Deportado y escuchando esa canción aún me sentía afuera de Plaza Lima Sur viendo a Street alejarse de mi vista y yo, como un cojudo, parado, sin hacer nada, preguntarme: ¿le hubiera pedido una foto, no?
4
Soy loco, lo sé. Y un poco amariconado y celoso y posesivo y sentimental. Soy raro, lo sé. Quiéreme y verás. Punto final.

miércoles, marzo 16, 2011

EUGENIA




UNO
Hubo momentos en mi casa en que mi abuelita no podía con nosotros. Mi mamá estaba en España trabajando y nosotros nos habíamos quedado bajo las órdenes de mi abuelita y de mi tío. Era la primera vez que mi mamá se iba a otro país y nos dejaba sin su presencia recta, frívola, loca.
Mi abuelita siempre salía y quería seguir teniendo sus libertades, como ir a pasear con sus amigas, respirar aire fresco, tranquila; pero como tenía que estar con nosotros no podía salir, entonces se quedaba amargada en la casa cuidando más que nada de mi hermano que tenía tres o cuatro y de mi hermana que estaba en tercero de primaria. Yo me sentía un poco más libre, gracias a mi tío César. Yo sentía algo raro dentro de mí, un resentimiento de no tenerla cerca, de extrañarla siempre, me volví algo duro, muchos me decían (hasta hoy siguen diciéndome) ingrato, inhumano, malo, que no tenía cariño por nadie; pero qué podía hacer, me había vuelto un mal hijo que ni “hola” le decía a su mamá por el skype, nada de nada, y gracias mamá.
Con ella siempre hablaba mi tío, él era “mi mamá” acá en Lima. Y acordaron un día que mi abuelita no podía más, que necesitaba alguien que le ayude con la limpieza y todo eso que se hace en la casa, dos manos más y una actitud tremenda para que la casa se mantenga “en pie”, limpia, reluciente, como mi mamá la había dejado. (Porque aunque tenga mil defectos, una cualidad positiva que rescato de ella es que es una aspiradora humana, es una adicta a la limpieza –como mi tata, mamá de mi papá- se levanta muy temprano para barrer todo si no, no está contenta, después más tranquila regresa a seguir durmiendo).
Entonces acordaron los tres que una señora que mi mamá conocía vendría a ayudarla a mi abuelita, una señora bonachona, noble, atenta, con un ángel que la hacía más maravillosa todavía y que hizo que nunca me pueda olvidar de ella. Donde estés, va para ti.
DOS           
Su nombre es Eugenia, nunca supimos su apellido. El primer día que la vi me sentí raro, sentía que ella era una persona que trabajaba para nosotros, lo era, pero lo notaba raro porque nunca nos habíamos dado esos placeres, que alguien venga a limpiar y nosotros bien sentadotes. Recuerdo que Euge (así la llamaba mi abuelita quien muy rápido se encariñó mucho con ella) venía todos los días en la mañana, primero, después, venía los lunes, miércoles y viernes y más tarde (hablamos de dos años más o menos), sólo dos días a la semana, los martes y jueves y ella, siempre cumpliendo su labor, nunca dijo nada, pero mi abuelita, apenada, en sus tiempos libres, le explicaba los motivos del recorte de  horario.
Cuando venía todos los días, mi hermana y yo estábamos en el mismo colegio, y al salida siempre íbamos raudos a la casa y al llegar, no sé si mi hermana también, pero yo, contemplaba la casa radiante, tiza, oliendo rico y me iba a mi cuarto contento, tiraba la mochila por ahí ya que el piso estaba barrido y lustrado (cosa que nunca había hecho yo, lustrarlo) y con el olor a lavanda o a floral y me echaba en la cama a dormir, feliz y amando a Eugenia.
Ahora, también, después de dos años o poco menos, recuerdo cuando un día regresé de estudiar (ya no estaba en el mismo colegio con mi hermana, había regresado a la escuela donde comencé la secundaria y que al escribir esta crónica extraño tanto), no sé por qué, pero pasé mi mano por el piso debajo de la mesa de noche y sentí toda la tierra que estaba acumulada ahí, muchas pelusas vi pegadas a mi palma y eso me llenó de cólera y no se lo perdoné a la pobre pero gran persona que era (y seguro sigue siendo) aquella señora que mantenía mi casa bien. Ahí mismo salí de mi cuarto y me dirigí hacia la habitación de mi abuelita a “acusar” a Eugenia señalándole mi mano que mi cuarto estaba sucio y que no había limpiado nada y que estaba muy amargo y rabioso y colérico, mi modo de hablar y mis gestos me ayudaban mucho para que mi abuela me creyera y que me creyó; al día siguiente, cuando yo estaba en el colegio, habló con Euge y le dijo que porqué no había limpiado mi cuarto, ella le respondió que sí lo había limpiado pero como le había pasado el trapo húmedo la tierrita se había quedado en los rincones y eso era lo que yo había sentido al pasar mi mano. Me avergoncé cuando mi nona (así le digo yo a mi abuelita, en idioma italiano y por costumbre familiar) me reprodujo lo que le había dicho Eugenia esa mañana (ella me contó la conversación que tuvo con Euge cuando volví de la escuela). Me sentí mal, cagado, poco hombre, inhumano. Al día siguiente cuando volvió Euge no tuve cara para ir a abrirle la puerta. Ella sabía que yo le había ido con el chisme a mi nona. Ella sabía que era malo pero conociéndola, seguro ella no le tomo importancia y le dijo a mi abue “pero nonita, los chicos son así, espontáneos, no hay ningún problema.” Ella es una gran mujer y gracias a ella entendí que las personas no valen por lo que tienen puesto ni por lo que llevan en los bolsillos, sino por lo que tienen dentro, por su corazón, por sus buenos sentimientos.
TRES
En esta crónica quise recordar a Euge, noble, bonachona, de un acento bien marcado de las entrañas peruanas y de unos ojos hermosos, saltones. Era gordita y aunque subía y bajaba escaleras como ninguna y barría y se agachaba para limpiar debajo de las camas de mis hermanos, y etcétera, y etcétera, nunca dejó de ser una gordita linda y que hoy extraño, extraño su presencia activa que ponía eléctrico a cualquiera, extraño sus pelos desenfadados que jugaban con sus ojos a no dejarla ver lo que estaba limpiando y ella gritar: “pelitos del demonio, quédense tranquilitos ahí” mientras se sujetaba los cabellos con un moño casi por la nuca.
He decidido escribir algo más extenso sobre aquella señora que aunque poco tiempo duró en mi casa (casi año y medio más o menos, creo) todos aquí le agarramos mucho cariño porque aparte que dejaba la casa en pie, nos dejó una actitud tremenda para hacer bien la cosas, meterle “punche”  a todo, amor, simpatía y siempre hacer las cosas de buena fe. Donde quiera que esté, siempre la recordaré porque gracias a ella, cuando estoy limpiando mi cuarto, barriéndolo, la veo a ella ahí diciéndome, tal vez, no sé: “recuerda Fabri, que si le pasas el trapo debajo de tu mesita de noche, las pelusas quedarán ahí como tierrita acumulada” y empiezo a reírme solo y a mirar por la ventana el lindo cielo de hoy.

martes, marzo 08, 2011

MI ANGEL SE LLAMA ANITA





Día raro, tenso. Apenas regresé del instituto mi abuelita me dio la noticia de que mi hermana había sufrido un accidente de tránsito cuando se iba a su colegio. Me quedé mudo, no sabía qué decir. Al comienzo pensé lo peor pero luego me dijeron que estaba bien, que mi tío había llamado y le había dicho a mi abuelita que Giannina y Juan estaban con mi hermana adentro del hospital pero que a él no lo habían dejado entrar por no sé qué cosas, seguro por una de sus estúpidas e inhumanas leyes.
Yo estaba en la casa, intranquilo, pensando en cómo podía estar mi hermanita. Entonces mi abuelita me contó cómo había ocurrido todo: Una señora de buen corazón había llamado a la casa y habló con mi tío quien se tranquilizó cuando recién escuchó la voz de Anita que llorando le dijo que había chocado su movilidad y que sólo tenía la cara ensangrentada por algunos cortes causados por la luna que estalló muy cerca de ella. Mi tío entonces llamó a mi mamá y cuando esta llegó a la casa se fueron volando al lugar del accidente pero no encontraron nada, sólo la movilidad chancada del lado izquierdo, con las lunas hechas nada y sin la llanta derecha, el vehículo estaba tirado en la berma y a metros la cúster del hijo de puta haciéndose el inocente y peleando como un justiciero con la señora que manejaba la movilidad. Después no sé qué paso, se colgó la llamada, me dijo. Y entonces agregué: Y las niñas ahí (la movilidad es de un colegio de mujeres, el Juana Alarco de Dammert), llenas de ese rojo que causa nervios a cualquiera, llenas de ese rojo cagón lleno de dolor y mala suerte, o quizás, no fue mala suerte sino una actitud enferma y acelerada de un acelerado enfermo sentado frente a un timón que nosotros llamamos chofer (para mí, mejor suena malparido, ese tipo especialmente) que por un sol más quiso adelantar al carro donde estaban las chicas y en su juego estúpido e ignorante chocó. Así es, culminó mi abuelita. Ahora nuevamente no sabía qué decirle, ni qué hacer, ni nada. Pensando me fui a mi habitación, triste, sabiendo aunque sea que mi hermana ya no estaba sola, como nunca lo ha estado ni lo estará.
No recuerdo porqué tuve que volar al hospital, no recuerdo el motivo. Al llegar sólo quería ver a Anita, cómo estaba y qué era lo que le hacía falta. Entré a una realidad que duele ver, el sector de emergencias del hospital María Auxiliadora. Es imposible no sentirse mal viendo a niños llorando y caminando divagantes, sin rumbo alguno y sin que ninguna enfermera les preste atención. Es feo ver cómo atienden a los señores que no aguantaron más y en camillas los pasean de aquí para allá y de allá para acá con esos desgarradores gritos que aclaman una ayuda que nunca será hasta que se desocupe alguno de los cuartitos que más chiquitos no pueden ser o, en el peor de los casos, hasta que algún doctor se le ablande el bobo y diga yo mismo soy en uno de esos tantos transitados pasillos del hospital. Es horrible conocer la realidad pero menos mal que la conocí ya, para defender a capa y espada a esas personas que no tienen nada, ni unos zapatos que ponerse, que les hace falta un pan, que lamentablemente no supieron pensar antes de tener tres, cuatro o cinco hijos y ahora las ven negras, peor que antes. Esas personas, que aunque no sepan si uno más uno es dos, son grandes seres humanos porque ante las dificultades y obstáculos que la vida les puso, ellos siguen para adelante, no se achican, gritan, reclaman, joden, se defienden, luchan. Y entre todo ese mundo encontré a mi hermana, con unos esparadrapos en su cachete para tapar la herida, luego cicatriz que seguramente siempre llevará consigo (espero que no) y que le hará recordará aquel mediodía del siete de marzo, el mismo día en que Juan cumplía un año más de vida y estaba ahí, cuidando de su hija.
Salimos de esa cruda realidad sabiendo que Anita ya estaba bien pero que miles de personas más estaban suplicando una atención médica, porque de repente aquel señor gordo que ni su edad sabía y que yacía de dolor en esa camilla oxidada que, recomendablemente, mejor podía servir para llevar jeringas, guantes u otros utensilios médicos porque en cualquier momento se podía venir camilla y paciente abajo; sí, aquel pobre señor descalzo, quizá sentía que esos gritos de dolor que daba podían ser los últimos y los doctores pasaban y pasaban sin hacer ni mierda. Es que esto no es así carajo.
Llegamos a la casa a comer un poco. Anita estaba más tranquila, serena. Yo quería que no le faltara nada y que siga así, serena. Sé que ella es fuerte y no sólo por lo que ahora está pasando, sino por unos momentos en su corta vida que ocurrieron y que marcaron una huella en su alma y corazón. Pero ahí estoy yo para hacerla sentir bien, para que se de cuenta que no está sola, que nunca lo estará. Y ahí estoy yo para que nunca se trunquen sus sueños, para que cuando ella quiera abrir sus alas nadie ni nada se lo impida. Para eso estoy yo, porque la amo más que a mi propia vida, porque ella es una mujercita muy especial es mi ser: fuerte, bizarra, engreída, rebelde, buena, amorosa, hermosa, comprensible… porque ella sí es comprensible a diferencia mía. Ella es mi hermanita y nunca dejaré que nada malo le pase.
Ahora espero que estas líneas románticas, cursis, no la hagan llorar. No sería bueno para ella ni para mí.